Perspectiva

Carlos Llano y el Opus Dei

La política interna del Vaticano, sus acomodos y valoraciones no pueden ni deben ser pretexto para fustigar al Opus Dei.
viernes, 5 de agosto de 2022 · 06:01

“Vale más ponerse la meta de la excelencia y no lograrla, que la de la mediocridad y conseguirla”

Carlos Llano

 

El Papa Francisco cambió la situación de independencia y privilegio que tenía el Opus Dei frente al Vaticano. Juan Pablo II había considerado correcto o meritorio el trabajo de los discípulos de San Josemaría Escrivá de Balaguer. En 1982 los puso punto y aparte.

Las especulaciones sobre cuentas pendientes entre la Compañía de Jesús y el Opus Dei brotan en los comentarios hechos públicos por los unos y los otros. Que si el Opus es ultraconservador, que si está dirigido a la aristocracia empresarial, que si querían estar fuera de la influencia de Roma.

Al parecer el cambio papal es para igualar a todas las órdenes. La verdad no vemos que vaya a transformar mucho la labor y el empeño de numerarios, supernumerarios y fieles del Opus Dei. Se puede comulgar o no con las ideas y prácticas religiosas y espirituales de otros, pero hay algo que trasciende esos gustos y disgustos: los frutos que dan. 

La labor educativa y formativa del Opus ha sido extraordinaria. El IPADE y la Universidad Panamericana en México;  la Universidad de Navarra y el IESE en España, tienen calidad de clase mundial en la enseñanza, investigación y servicios de salud. Contra todo lo que se piensa por prejuicios, en el IPADE enseñan a los empresarios primero que todo el valor del sentido humano de los negocios. Su formación es transformativa para bien de todos. 

En una entrevista que hicimos a Carlos Llano (Q.E.P.D) formador insigne de la orden, en pocas palabras clarificó la diferencia entre la cultura calvinista del trabajo y la prosperidad con la del trabajo constante, bien hecho y fecundo como forma de oración. 

Los calvinistas creen en la predestinación. Si alguien es próspero es porque Dios lo quiere. Todos tratan de ser elegidos del Señor. Todos trabajan incansablemente para lograrlo. Para ellos la riqueza es un don que viene del cielo. 

En el Opus Dei la virtud es la devoción al trabajo, siempre como un servicio a la comunidad y a Dios. Una moral impecable que cualquier persona puede aplicar como proyecto de vida. 

En ambos casos, calvinistas y opusdeistas, el bienestar como fruto de trabajo es una recompensa justa y no un estigma de codicia o explotación del prójimo. Tan sólo ver la obra de la Universidad de Navarra en España con hospitales de primer grado, centros de educación que compiten con los mejores del mundo, da muestra de una comunidad fructífera. 

Que si en otro tiempo fueron parte del franquismo, que si son ultra conservadores y elitistas, puede ser, pero eso no elimina sus virtudes ejemplificadas en la persona de Carlos Llano, de quien podríamos hablar durante muchas horas sobre su sabiduría y enseñanzas. 

Los jesuitas, por su historia y legado, tienen un lugar especial en el corazón de nuestras comunidades. Son al menos cuatro generaciones desde que iniciaron su labor educativa en nuestra región. Miles de familias están marcadas por sus ideales ignacianos.

La política interna del Vaticano, sus acomodos y valoraciones no pueden ni deben ser pretexto para fustigar al Opus Dei. En torno a ellos hay mitos como el que armó la novela de Dan Brown con su Código Da Vinci. Creemos que ya no son los fanáticos con cilicio y disciplinas mortificadoras  que pintan. Son seres humanos que dan muchos pero muchos frutos, meta alta que se han impuesto, como lo sugirió Carlos Llano.