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Jaque Mate

Guerra de pensiones

Las pensiones se han convertido en el gasto más importante del gobierno, pero ningún estudio sugiere que son el mejor uso posible del dinero público.

Escrito en Opinión el
Guerra de pensiones

"Debemos consultar nuestros medios más que nuestros deseos". 

George Washington

Parece una competencia, pero malsana. López Obrador subió primero la edad para el programa de adultos mayores de 65 a 68 años, aunque después la volvió a bajar a los 65 que tenía Peña Nieto. Xóchitl Gálvez ha prometido reducirla a 60, mientras que Clara Brugada ofrece bajarla a 57 en la Ciudad de México. Nadie se preocupa por el costo.

Las pensiones se han convertido en el gasto más importante del gobierno, pero ningún estudio sugiere que son el mejor uso posible del dinero público. El presidente ha entendido, eso sí, que aumentan su popularidad y por eso ha propuesto ahora que las pensiones contributivas, las que reciben los trabajadores formales, cubran el 100 % del último sueldo, aunque con un tope de 16,777 pesos mensuales, aportando para ello un irrisorio "capital semilla" de 64 mil millones de pesos tomado de ventas de activos gubernamentales o de "ganancias" de empresas militares que pierden dinero. La candidata Claudia Sheinbaum ha repetido esa propuesta en sus "100 puntos" de campaña. 

En 2018, último año de Peña Nieto, el gobierno federal gastó 1 billón 62,593 millones de pesos en pensiones contributivas, como las del IMSS, más 47,748 millones en pensiones no contributivas, esto es, el Programa de Adultos Mayores. En este 2024 las pensiones contributivas tienen un presupuesto de un billón 499,039 millones de pesos, un aumento de 41 %, mientras que el Programa de Adultos Mayores alcanza ya 465,049 millones de pesos, ¡874 % más que en 2018! A las pensiones no contributivas ahora hay que sumar 27,860 millones de pesos de un apoyo a personas con discapacidad que no existía en 2018 y que en 2019 tuvo un presupuesto de 10,661 millones. Sumando todo, el presupuesto de pensiones para 2024 quedó en un billón 991,948 millones de pesos, casi 31 % del gasto programable del sector público de 6 billones 490,405 millones.

¿Es este el mejor uso que se puede dar al dinero público, especialmente en un gobierno que afirma cuidar primero a los pobres? Hay buenas razones para cuestionarlo, pero lo que sí es indudable es que con el envejecimiento de la población el costo se disparará.

La esperanza de vida en México en 1950, siete años después de la creación del IMSS, era de 48.7 años para las mujeres y 45.1 años para los hombres. Tener una edad de jubilación a los 65 años en esas condiciones no era un problema. En 1990 ya la esperanza de vida era de 70 años para las mujeres y 68 para los hombres. Por eso, para evitar la quiebra del IMSS, se hizo la reforma de 1997, que creó las cuentas individuales de ahorro, las afores. Para 2022, la esperanza de vida de las mexicanas era ya de 78.4 años y la de los mexicanos de 72.6. 

En 2020 la población de 65 años o más fue de 9.7 millones de personas, 7.7 % del total en el país. En 2050, según el Consejo Nacional de Población (Conapo), ascenderá a 24.9 millones de personas, 16.5 % de la población. Todos tendrán derecho a pensión.

El programa de apoyo a personas mayores empezó a nivel federal en 2007, pero para personas en condición de pobreza extrema y en comunidades rurales a quienes se daba un pago de 500 pesos mensuales. En 2023 el programa era ya universal con pagos de 2,400 pesos. En 2024 López Obrador subió el monto a 3,000 pesos y lo ha convertido en el programa más importante del gobierno. Recibe más que toda la educación pública, de preescolar a universidad, que solo tiene 425,800 millones de pesos en 2024.

Ahora los políticos compiten para ofrecer más dinero y a más temprana edad. Si siguen por este camino terminarán por quebrar al Estado mexicano, pero no les importa, porque no les tocará a ellos. 

Pemex

Hacienda ha entregado a Pemex apoyos por 94 mil millones de dólares en este sexenio. Con esa cantidad, escribe el analista Pablo Zárate, pudo haber comprado todas las operaciones internacionales de Iberdrola, no solo las mexicanas, y le habría sobrado para adquirir también Repsol, la petrolera española. 

 

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