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Donación voluntaria de sangre 2024: una realidad por transformar

Históricamente, en México no se ha promovido una cultura de donación voluntaria de sangre de manera efectiva. La percepción sobre la donación de sangre puede estar influenciada por mitos y desinformación. Muchas personas aún creen en falsos conceptos sobre los riesgos de donar sangre

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Donación voluntaria de sangre 2024: una realidad por transformar

Para el 2020 México tenía el compromiso de proveer un suministro seguro y suficiente de sangre proveniente al cien por ciento de donadores voluntarios y no remunerados (también llamados altruistas) firmado en 2009 en la “Declaración de Melbourne” junto a otros integrantes de la Organización Mundial de la Salud. 

No llegamos a dicho objetivo y lamentablemente modificamos a metas menos ambiciosas, estableciendo el Centro Nacional de la Transfusión Sanguínea que para el término de la administración actual, deberíamos de alcanzar el 10% de donaciones voluntarias de sangre. Para el 2023, de acuerdo con el último informe de desempeño de esta institución, alcanzamos solamente el 8.3%, el cual, comparado con el 2018, representa un incremento solamente de 1.2%. Más de un lustro después, el incremento de la donación voluntaria fue de poco más de uno por ciento, lejos de aquel compromiso sellado en tierras Australianas.

Históricamente, en México no se ha promovido una cultura de donación voluntaria de sangre de manera efectiva. La percepción sobre la donación de sangre puede estar influenciada por mitos y desinformación. Muchas personas aún creen en falsos conceptos sobre los riesgos de donar sangre, como la posibilidad de contraer enfermedades o la creencia de que la donación puede debilitar al donante. Estos mitos han persistido a lo largo de los años y han contribuido a una reticencia generalizada.

La desconfianza en las instituciones de salud es otro factor significativo. Es innegable que ha habido numerosos escándalos y casos de corrupción en el sector salud en México, lo que ha erosionado la confianza pública. Cuando las personas no confían en que su donación será manejada de manera segura y ética, es menos probable que participen en programas de donación voluntaria.

El sistema de reposición familiar, donde se solicita a los familiares o amigos de los pacientes que proporcionen donadores de sangre, ha sido una práctica común en México. Este enfoque reduce la necesidad de mantener un banco de sangre con donaciones voluntarias y, por ende, no incentiva a la población a donar de manera altruista. La dependencia de este sistema ha desincentivado el desarrollo de una cultura de donación voluntaria sostenida.

La educación y la concientización sobre la importancia de la donación de sangre no han sido suficientes. Aunque ha habido campañas esporádicas, estas no han sido constantes ni efectivas a largo plazo. En países con altas tasas de donación voluntaria, se observa que las campañas educativas continuas y bien estructuradas han jugado un papel crucial. En México, la educación sobre la donación de sangre no es una prioridad en el sistema educativo ni en las políticas de salud pública. 

Existen también barreras culturales y religiosas que pueden afectar la disposición de las personas a donar sangre. Algunas creencias religiosas o tradicionales pueden desalentar la donación, y en algunos casos, las comunidades pueden tener normas sociales que no promueven este tipo de altruismo. Estos factores culturales son profundamente arraigados y difíciles de cambiar sin esfuerzos de sensibilización específicos.

La infraestructura para la donación de sangre en México puede ser limitada en algunas regiones. La accesibilidad a centros de donación es un problema, especialmente en áreas rurales. Sin instalaciones adecuadas y de fácil acceso, la población no tiene las oportunidades necesarias para donar de manera regular.

En muchos países, aunque la donación de sangre es voluntaria, existen pequeños incentivos que motivan a los donantes, como reconocimientos públicos y otros beneficios simbólicos. En México, estos incentivos son insuficientes o inexistentes, lo que puede desmotivar a posibles donantes.

Para revertir esta tendencia, es necesario un enfoque integral que incluya campañas educativas sostenidas, mejoras en la infraestructura, creación de confianza en las instituciones de salud y la implementación de incentivos que motiven a la población a donar sangre de manera voluntaria y altruista. Pero, más allá de lo anterior, se necesita querer hacerlo. Esperemos que en esta nueva etapa de nuestra nación, haya un verdadero golpe de timón. Eso sí: ¡gracias a los donantes de sangre por salvar vidas! Nuestro reconocimiento para ustedes. Quienes han donado, vuelvan y quienes no, ¡Anímense!

Médico Patólogo Clínico. Especialista en Medicina de Laboratorio y Medicina Transfusional, profesor de especialidad y promotor de la donación altruista de sangre

RAA

 

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