Opinión

8 de marzo, la esperanza de la igualdad

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Por: Malú Mícher Camarena

Este ocho de marzo no celebramos nada, conmemoramos el Día Internacional de las Mujeres, día para reflexionar sobre los avances y logros de la agenda sobre igualdad entre mujeres y hombres, así como sobre el acceso a una vida libre de violencias contra las mujeres y niñas en el país.

La conmemoración de este año se inscribió en el marco de la entrada de un nuevo gobierno en México. Un Gobierno que está en construcción de estrategias para garantizar todos los derechos, para todas las mujeres. La cuarta transformación no es entendible, ni se sostiene éticamente, si las mujeres no estamos presentes.
Es también un momento significativo para el Poder Legislativo, ya que hoy tenemos una legislatura (y un gabinete federal) con paridad de género; logro histórico que las mujeres en México hemos impulsado desde hace décadas.

Este 2019 conmemoraremos dos sucesos fundamentales para los derechos de las mujeres. Por un lado, se cumplen 40 años de la Convención para la Eliminación de Todas la Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW), una Convención que es nuestra ruta de navegación para saber el nivel de avance de la igualdad y no discriminación de las mujeres y las niñas en el país.

Asimismo, se cumplen 10 años de la emblemática sentencia de Campo Algodonero contra el Estado mexicano, primer caso de violencia contra las mujeres que llegó a la Corte Interamericana de Derechos Humanos y que constituyó un paso fundamental para la comprensión de la grave violación a los derechos humanos que significa la violencia contra las mujeres y el feminicidio.

Día propicio para concentrar la reflexión y el análisis de la situación de las mujeres y las niñas en nuestro país y para profundizar en las cifras que proporcionan diversas instancias gubernamentales y de la sociedad civil, sobre aspectos relevantes de la vida de las mujeres, como economía; trabajo doméstico y de cuidados; salud; acceso a la educación; violencia contra las mujeres; feminicidio, entre otros. Por ello, también es un día dedicado a revisar hacia dónde debemos encaminar nuestros esfuerzos con mayor énfasis.

La categoría de autonomía de las mujeres, desarrollada por el Observatorio de Igualdad de Género de América Latina y El Caribe, de la CEPAL, resulta ilustradora para valorar los retos que todavía enfrentamos. En el año 2011, el informe del Observatorio definió la autonomía como “la capacidad de las personas para tomar decisiones libres e informadas sobre sus vidas, a manera de poder ser y hacer en función de sus propias aspiraciones y deseos en el contexto histórico que las hace posibles”, referida a la autonomía física, económica y a la toma de decisiones. 

En próximos días aprobaremos una iniciativa de reforma constitucional con el propósito de “proteger y garantizar que el principio de igualdad sustantiva se traduzca en la práctica en un mandato para la participación paritaria en aquellos espacios donde persisten desigualdades entre hombres y mujeres, como son los puestos de elección popular, la administración pública, la impartición de justicia y los organismos autónomos administrativos y jurisdiccionales electorales en los tres órdenes de gobierno”.

Esta reforma busca disminuir la distancia entre la realidad y nuestras aspiraciones y de nueva cuenta encontrará obstáculos provenientes de la sociedad patriarcal pero el movimiento de mujeres tiene un largo aprendizaje en la materia, por eso somos las insistencialistas. La esperanza de la igualdad nos sostiene, nos ocupa y nos da fuerza.
“Larga vida a las mariposas”.

Y tú, ¿qué opinas?