Opinión

Abarca y devora

Hay muchas coincidencias políticas para poder asegurar que la nueva Administración pretende imponer su visión en todos los ámbitos.

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Por: Enrique Gómez Orozco

Hay muchas coincidencias políticas para poder asegurar que la nueva Administración pretende imponer su visión en todos los ámbitos. Quiere abarcar y devorarlo todo. Desde la planeación del desarrollo aeronáutico nacional hasta la intervención en las instituciones creadas para ser autónomas.

Hay temas medulares como la intención de penetrar en el Instituto Nacional Electoral con consejeros afines a Morena. Parece una vendetta en contra de aquellos que garantizan la imparcialidad en las votaciones y la independencia del árbitro electoral.

Un resentimiento grande habita el alma de quienes aún creen que la elección de 2006 fue un robo. También hay un dogmatismo ideológico que sólo mira al lado izquierdo de la historia.

Por fortuna hay funcionarios que  impedirán la embestida. Lorenzo Córdova, presidente consejero del INE, impulsó el nombramiento de Edmundo Jacobo Molina como secretario ejecutivo de la institución para los próximos seis años. Su presencia garantiza la administración profesional e independiente del organismo que tanto dinero y esfuerzo nos ha costado.

Las elecciones en México no son baratas, ni sencillas. Su grado de complejidad es herencia del viejo régimen que hacía trampas en cada elección, que administraba desde la Secretaría de Gobernación las votaciones y tumbaba el sistema cuando los resultados no favorecían al candidato del PRI. 

Dejar que Morena asuma la mayoría de consejeros; permitir que el presidente de la República intervenga o meta mano en la operación del INE significa un regreso al pasado. La evolución del pensamiento político del mexicano tiene mucho parecido al del propio secretario ejecutivo, Edmundo Jacobo Molina.

A quien hoy le delegaron de nueva cuenta la ejecución del INE fue un maestro muy peculiar en la escuela de Filosofía y Letras de la Universidad de Guanajuato. Edmundo fue mi maestro y no lo veo desde hace 42 años. Joven y muy talentoso, militaba en la izquierda marxista de moda entre los intelectuales mexicanos de los setenta.

Él y otros maestros quisieron instaurar un sindicato radical en  la Universidad de Guanajuato. Los estudiantes liberales no marxistas lo impedimos. Entonces nos hubieran llamado “conservadores”. 

Jacobo nos daba la materia de Teoría del Conocimiento en la escuela de Filosofía. Todos los textos sugeridos eran de corte marxista. La única forma de llegar al conocimiento de la realidad era bajo el método del materialismo histórico, la lucha de clases y, ahora lo veo con mucha claridad, los dogmas comunistas de la época.

En ese entonces le pregunté por qué no teníamos textos de filósofos idealistas, empiristas o de otras líneas de pensamiento liberal. Era casi una herejía, como si un seminarista dudase de Santo Tomás o San Agustín.

Con el tiempo maduró y suavizó su visión del mundo. Participó como maestro y funcionario en la Universidad Autónoma Metropolitana, publicó ensayos y finalmente llegó al INE, donde se desempeña con brillantez y hoy es reconocido defensor de la democracia y la pluralidad.

En la nueva Administración están enfurecidos porque lo nombraron para ejercer su cargo por seis años más, porque es leal al presidente consejero Lorenzo Córdova y a la institución. Sin duda es uno de los maestros más preparados que tuve en la universidad porque sabía mucho de su materia aunque su especialidad fuera Marx y más Marx y Engels.

A veces dan ganas de entrevistarlo, de reconocerlo en su transformación, tan radical como sus antiguas creencias. Al menos sabe cómo piensan los trasnochados defensores del nuevo dogma de edición matutina.
 

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