Abrazos o balazos

Esta semana, la Fiscalía General de la República, -siempre en sintonía con las estrategias de nuestro presidente AMLO-, insiste en llevar a la cárcel a investigadores, académicos y funcionarios del Conacyt del sexenio pasado.

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Por: Jose Luis Palacios Blanco *

Esta semana, la Fiscalía General de la República, -siempre en sintonía con las estrategias de nuestro presidente AMLO-, insiste en llevar a la cárcel a investigadores, académicos y funcionarios del Conacyt del sexenio pasado. Todo, por ser acusados de transferir recursos al Foro Consultivo de Ciencia y Tecnología, entidad de la que, -si bien podríamos prescindir estrictamente-, fue constituida y operó, bajo los fundamentos legales del mismo Conacyt.

Esto es, el Gobierno federal ataca a académicos y perdona y olvida a los criminales. Seguimos hoy enfrente de una paradoja difícil de comprender: por un lado, el Presidente AMLO durante su trayecto político insiste en que la violencia en el País tiene su origen en la desigual repartición de la riqueza. El pueblo es bueno y sabio y los miembros del crimen organizado también lo son, luego entonces, también ellos son buenos. Su estrategia es construir la paz y para ello, no hay llamado a la guerra, sino a la reconciliación y así, insiste en que deben ellos (los criminales) reconsiderar su actuar siendo conminados por la autoridad a actuar bien. Por el otro, quienes opinan que se debe ya utilizar la fuerza de Estado contra el narcotráfico.

Y aquí, es donde, en las encuestas nacionales, la opinión pública, -acostumbrada por décadas a la estrategia de violencia-, no termina de aceptar que es la concordia, los abrazos, lo que hará que el crimen organizado se desmantele y regrese al trabajo honrado.

Los abrazos, son una idea que la sociedad mexicana todavía no acepta; sondeos nacionales ubican franjas de 50 a 60% de desaprobación y franjas de 30 a 40% de aprobación, con el resto declarados como indecisos. Esto muestra que siendo este sexenio el de mayor número de crímenes en la historia (alcanzaremos pronto los cien mil de acuerdo a cifras oficiales), la estrategia no funciona, pues los criminales han comprendido que el gobierno federal frente a los ataques, pone la otra mejilla.

Es cierto que los gobiernos de derecha son proclives al uso indiscriminado de la fuerza, en tanto que los de izquierda –que han sufrido por décadas la violencia-, han sido críticos del uso de las fuerzas armadas. De allí la idea acertada de que el gobierno del presidente AMLO creara la Guardia Nacional sustituyendo a la Policía Federal, para contener desde su inicio al crimen organizado. Esto, sumado a la concepción unipersonal de AMLO, de que las personas somos buenas por definición, le ha llevado a una enorme tolerancia y displicencia hacia los criminales que son cada día más poderosos.

Este dilema es el que tenemos en casa o en el trabajo. Como padres de familia o líderes si queremos formar en valores, las reglas deben estar bien definidas y establecerse premios y castigos. El ejemplo debe inspirar y para que se perpetúe el buen actuar, deben cumplirse las reglas y eliminar la impunidad. Este modelo aplicado a la vida nacional, nos llevaría a que el Estado mexicano aplicara la ley cuando grupos toman vías férreas y carreteras, o cuando toman instalaciones públicas para presionar por reivindicaciones o cuando los criminales extorsionan o secuestran. Pero el que el presidente AMLO haya renunciado a enfrentarles y desde el inicio liberara a capos e instruyera a las fuerzas armadas a soportar vejaciones, ha dado señales claras a ellos, de que no habrá respuesta, de que ellos seguirán siendo tolerados.

Si lo medimos por los números, el número de muertos en hechos violentos relacionados con el fuero federal, la estrategia de “abrazos y no balazos” ha sido lamentablemente, un fracaso. Es seguro que parte de la población perciba que nuestro Presidente es noble y esto incremente su popularidad, pues perdona a los criminales y les tolera, incluso, les exculpa públicamente por ser reflejo de la descomposición social. Por eso, en las zonas del País donde la economía se mueve por actividades criminales, el Presidente sigue teniendo altísima aprobación. Sus giras de trabajo en zonas de Sinaloa y la inversión pública que hace, reflejan su enfoque hacia atender de raíz las causas que provocaron que surgieran los grupos criminales, pero insistir en meter a la cárcel a científicos cuando no hace algo por meter a capos, muestra que a los primeros les da abrazos y a los segundos, balazos. 

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