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Acusado de violación y protegido por el poder político

El 2 de enero de 2017 la unidad de atención temprana de la Fiscalía General del Estado de Guerrero recibió a una persona de sexo femenino cuya identidad quedó reservada bajo las iniciales J.D.G.

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Por: Héctor de Mauleón

El 2 de enero de 2017 la unidad de atención temprana de la Fiscalía General del Estado de Guerrero recibió a una persona de sexo femenino cuya identidad quedó reservada bajo las iniciales J.D.G. Iba a presentar una denuncia por violación en contra del hoy senador de Morena, y entonces director de La Jornada Guerrero, Félix Salgado Macedonio. Los hechos que contiene el documento son un descenso a los sótanos.

De acuerdo con la denuncia, la abogada J.D.G. solicitaba fondos para una fundación de defensa animal, a las afueras de Gran Plaza Acapulco, cuando pasó Félix Salgado Macedonio. Le ofreció apoyo, le pidió que fuera a verlo a las oficinas del periódico, y cuando esto ocurrió, la invitó a formar parte de este. El 8 de enero de 2014, J.D.G. fue contratada para trabajar en el diario.

Se lee en la denuncia que el 19 de mayo de 2016, Salgado la mandó llamar: "tenía perritos y gatitos para darnos en donación", así como comida para los perros. Al día siguiente, "el ingeniero" la citó en el Fraccionamiento Las Playas: le dijo que iban a estar ahí unos familiares y una trabajadora de nombre Paty.

Al llegar, Paty, la trabajadora, le informó que Salgado no estaba, pero que había pedido que lo esperara y que le había dicho que le gustaba mucho la cocacola. Le ofreció una. No estaban los familiares. No había nadie. J.D.G. sintió "algo raro" al dar el primer sorbo. Pensó que el refresco era de otra marca, o se le había ido el gas. Pero tenía sed. Casi se acabó el vaso.

Según declaró, dos minutos más tarde sintió un fuerte mareo y oyó la voz de Salgado Macedonio. Alcanzó a decir que se sentía mal, y no supo más. Despertó acostada en una cama, con la ropa desabrochada y líquido escurriendo de la vagina. Comenzó a llorar. Le preguntó a Salgado qué le había hecho. Él contestó: "Todo va a estar bien, chiquita".

Se lee en la carpeta que J.D.G. salió corriendo de ahí, sin su bolso, y llevando solo su celular, que traía guardado en un bolsillo del pantalón. Cuando llegó a su casa, recibió una llamada de Salgado Macedonio. "Que tenía que ir [al periódico] porque si no me iba a arrepentir", "además de que quería hablar y darme mi bolso". Ella se negó.

Él le envió entonces una fotografía por WhatsApp: J.D.G. se vio completamente desnuda sobre la cama. Salgado le dijo que tenía muchas más, que se las iba a dar, que estaba arrepentido.

J.D.G. acudió al domicilio al día siguiente. No solo no le entregó las imágenes. Le propinó una golpiza con un cinturón, la derribó y la violó "en repetidas ocasiones".

La abogada fue despedida con la amenaza de que no le convenía decir nada: "Soy un hombre muy poderoso".

Siete meses más tarde, J.D.G. le confió los hechos a su esposo. Estudios clínicos confirmaron el contagio de una enfermedad de transmisión sexual. Salgado Macedonio fue acusado por violación, abuso, hostigamiento y amenazas.

El exfiscal de Guerrero, Xavier Olea, reveló que la carpeta había sido debidamente integrada y estaba a punto de ser judicializada. Según él, en ese momento recibió la instrucción, se entiende que del gobernador de Guerrero, Héctor Astudillo, de congelar la investigación.

Así que Olea admite públicamente que tuvo por acreditado un hecho delictivo y no aplicó el derecho en favor de una víctima. ¿Dónde quedó la autonomía de la institución ministerial que encabezó? ¿No incurrió en responsabilidad penal y administrativa? ¿Y qué tiene que decir sobre esto quien hoy ostenta el cargo, el fiscal Jorge Zuriel? ¿La carpeta contra Salgado Macedonio no debe ser judicializada? ¿El senador debe o no ser desaforado?

Como si nada ocurriera, Salgado le tendió ayer la mano al otro contendiente de Morena, Amílcar Sandoval y lo llamó a la unidad para ganar Guerrero. Todo en medio del silencio de Morena, del presidente, del gobernador de Guerrero. Un silencio en el que la única voz, la de víctima, fue acallada por instrucciones superiores, según confiesa el exfiscal Olea.

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