Adiós a Rafa Salas

La muerte de un ser querido, no debe ser causa de tristeza cuando está se da después de una vida plena. Lógico es que extrañemos al ser querido, pero podemos extrañarlo disfrutando los recuerdos compartidos

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Por: Santiago Heyser Beltrán

La muerte de un ser querido, no debe ser causa de tristeza cuando está se da después de una vida plena. Lógico es que extrañemos al ser querido, pero podemos extrañarlo disfrutando los recuerdos compartidos.

Murió mi amigo Rafa Salas, sin embargo, aunque constantemente pienso en él y lo compartido, no estoy triste, Rafa tuvo una buena vida de bohemio, como empresario, como padre de familia y esposo, como aventurero. Fui afortunado de compartir parte de su historia, por eso no estoy triste, él está en un mejor lugar y yo estoy bien, tratando de vivir con plenitud haciendo cosas que me den la satisfacción de ser útil al tiempo que me preparo para estar con él y con quienes ya se me adelantaron.

La charla que tuvo Steve Jobs en la Universidad de Stanford me impactó (la encuentras en YouTube); en ella toca tres temas; el primero: “La conexión de eventos”, el ¿Cómo?, eventos del pasado se relacionan con tu presente y tu futuro. El segundo tema habla sobre el amor que le tuvo a su empresa “Apple” y como la perdió y la recuperó, habla: “Sobre el amor y la pérdida”. En el tercero habla sobre: “La muerte”, y se refiere a ella de esta manera: “Nadie quiere morir; ni siquiera las personas que quieren ir al Cielo quieren morir para llegar ahí. Sin embargo la muerte es el destino que compartimos. Nadie ha escapado de ella y así tiene que ser; porque la muerte es posiblemente el mejor invento de la vida. Es el agente de cambio de la vida. Retira lo viejo para dar lugar a lo nuevo...”

¿Qué sentido tiene entristecernos ante lo inevitable?; la lógica me dice que razonable sería ver la muerte sin sufrimiento, como algo natural… ¡No!, no es que no entienda ese sentimiento de pérdida, ya lo viví al morir mis abuelos y mis padres, lo que quiero decir, es que de forma paralela a ese sentimiento, podemos añadir recuerdos e imágenes que nos alegren. En mi caso, a la nostalgia le acompaña una agradable sensación de continuidad; no son pocas las veces que en momentos de paz y tranquilidad, en carretera y sobre todo ante situaciones de tensión y de problemas, ¡me acuerdo de mi abuelo!, como si estuviera presente, de hecho imagino un diálogo con él y podría decir que “escucho” sus respuestas y consejos. En esos momentos, a las conclusiones que llego no son mías solamente, estas están influidas con la memoria del abuelo y de sus formas de ser y pensar; en otras palabras, mi abuelo que murió en 1962, hoy, en el 2021sigue presente en mi memoria y en mi vida, lo que me ayuda y me trae alegría y paz interior… Lo mismo me pasa en estos días con la muerte de Rafa; lo recuerdo cantando, bailando, poniéndonos trivias para contrastar lo mucho que sabía sobre la música con la ignorancia de los amigos; el premio siempre, una copa gratis y risas. Rafa vivió una larga vida, los amigos lo bromeábamos diciendo que su vida inició en blanco y negro, cuando no había colores… ¡Descanse en paz!

Hablando sobre el tema de mi muerte, comparto de nuevo lo que le escribí alguna vez a mí hijo:

“Hijo mío:

Cuando yo muera no quiero que entristezcas, no hay razón ni tiene sentido perder un día de tu vida con lloriqueos infructuosos; mi aspiración y deseo como padre, es que estando yo vivo o muerto, tú seas feliz, y un evento que es natural e inevitable no tiene por qué alterar nada. Al contrario, el día que yo falte, preocupémonos ambos de tener suficientes anécdotas y experiencias compartidas llenas de aventura, ternura y amor para que en lugar de luto tengas una fiesta con amigos y familiares, en donde el eje sea la remembranza y recordatorio de lo compartido entre tú y yo (como fiesta de excompañeros de escuela)… Preocupémonos entonces, hijo mío, de acumular vida compartida de manera tal que el día que yo falte, no carezcas de material ni de historias divertidas de la relación entre un hijo y un padre que se amaron en vida y se siguen amando después de esta, para poderlas compartir con todos.

Finalmente y para dejar el tema de lado y dedicarnos a vivir intensamente cada día, hijo mío, te comparto que la muerte no me da temor; de hecho me da curiosidad: saber qué pasará después de abandonar esta vida y dejar el cascarón, me apasiona, con la pasión y curiosidad infantil que algún día tuve para tratar de entender cómo, con el vuelo sin sentido de una mariposa, estas llegan a su destino. Por cierto, ya que no creo en las historias que me cuentan, ni en las descritas por las religiones, a partir de que sé que la energía no se crea ni se destruye, solo se transforma, sabiendo que cada uno de nosotros somos energía, espero con curiosidad el día que me toque vivir esa experiencia.”

Si tu ser querido ya se fue; enfatiza en tu memoria recuerdos lindos compartidos, eso te traerá paz, ¿si todavía vive?, construye una memoria de experiencias compartidas que te hagan feliz, estás a tiempo… ¡Así de sencillo!

Un saludo, una reflexión.

Escritor y soñador

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