Opinión

Agua para alfalfa y no para la gente

México vive horas difíciles con la violencia y la deshumanización por la falta de seguridad y justicia.

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Por: Enrique Gómez Orozco

Después de leer los periódicos o escuchar los noticieros de radio; después de un repaso a los medios importantes del país en internet, queda una sensación de desasosiego. México vive horas difíciles con la violencia y la deshumanización por la falta de seguridad y justicia.

¿De qué sirve avanzar en la democracia, en la educación o incluso en la economía si perdemos el sentido de lo humano, de civilidad por la pérdida del estado de derecho?

Hay quienes no dormimos o despertamos preocupados por el futuro de Guanajuato y del país o quienes, angustiados, despiertan con pesadillas sobre la estabilidad de su empleo o la permanencia de su empresa.

También hay quienes no duermen por la pobreza en la periferia de nuestras ciudades, luchan por combatirla, tratan de aliviar esa miseria a través del servicio comunitario pero la tarea nunca termina.

Hace dos años y medio, cuando iniciaban las campañas políticas, hice una apuesta con Rafi Yamín: él sabía que ganaría López Obrador. Conocía a través de la Fundación León las condiciones de vida de los olvidados de San Juan de Abajo o de Las Joyas y Las Hilamas. Esa pobreza extrema dentro de las ciudades que es peor que la del campo. Una precariedad ampliada en cientos de ciudades.

Lamento haber estado alejado de esa realidad imaginando que Ricardo Anaya o José Antonio Meade tenían mayor oportunidad. El 50 por ciento de los mexicanos que viven sin avanzar, ofendidos por la corrupción y alejados de la esperanza, darían el triunfo arrollador a Andrés Manuel.

Llegó el día para pagar la apuesta y platicar con Rafi sobre los trabajos de la Fundación León, que ya construye su tercer centro comunitario en la colonia San Francisco, justo detrás de los outlets de calzado al oriente de León.

El centro costará unos 32 millones de pesos, construido con toda dignidad para rescatar a los jóvenes de las pandillas, del ocio vespertino. Ayudará también a educar a madres de familia y fortalecerá los hilos del tejido social en convivencias deportivas y culturales. Muchos ciudadanos aportan.

De ahí fuimos a San Juan de Abajo, donde el centro comunitario tiene una década. Al sureste de la ciudad, es un asentamiento sin servicios, sin accesos dignos y sin agua potable. Rafi explica que se hizo la conexión de la carretera de cuota con una obra innecesariamente larga y cara, donde el municipio jamás pensó en un acceso a la colonia. Todo fue diseñado para el auto, y el tráfico aún es escaso. 

Del otro lado de la carretera, al sur, vemos sembradíos de alfalfa bañados por aspersores, Rafi dice: ¿cómo hay agua para alfalfa y no para la gente?

Brincamos una zanja hecha para que los vecinos no salgan ni entren por la nueva vialidad. Una doble herida social: los guetos son los guetos y no se permite salir de ahí. Más adelante, por la Timoteo Lozano pasa el tren y esperamos el cruce; la gente también. Sobre nuestras cabezas está la obra que costó una fortuna y sirve a unos cuantos automovilistas.

La obra de la Fundación León nos vuelve a la humanidad, a la esperanza de que el desvelo y la preocupación de muchos, dan frutos. Hace diez años se invirtieron unos 4 millones en el centro comunitario de San Juan.

Es como trabajar con una cuchara, mientras el Gobierno tiene maquinaria pesada con su presupuesto”

, decía Rafi en ese entonces.
Le sugiero que debería ser alcalde por su espíritu de servicio y generosidad, por su empeño y desvelo. Así podría transformar con motoconformadoras, trascabos, bulldozers y cientos de miles de manos, la realidad local. Sólo sonríe.
 

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