Opinión

Al rescate de Guanajuato

Guanajuato hoy amanece con la esperanza de no ser un estado fallido. La detención de José Antonio Yépez, “El Marro”, por autoridades estatales y federales hace que renazca la fe en ellas. Diego Sinhue Rodríguez cumple por fin su promesa hecha desde el inicio de sexenio.

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Por: Enrique Gómez Orozco

Guanajuato hoy amanece con la esperanza de no ser un estado fallido. La detención de José Antonio Yépez, “El Marro”, por autoridades estatales y federales hace que renazca la fe en ellas. Diego Sinhue Rodríguez cumple por fin su promesa hecha desde el inicio de sexenio.

Un operativo coordinado de fuerzas federales y estatales despertó el domingo por la madrugada a un líder que marcaba como incompetentes a las autoridades, que amenazaba en redes sociales sin pudor a sus enemigos. Estaba a poca distancia de Celaya, en el municipio de Juventino Rosas, y sin el poderío de otros años.

Fueron los asesinatos, las tragedias familiares y la destrucción de la paz en Celaya y el sur del estado lo que agravia como nunca a la población. Vimos lo peor cuando individuos reciben la orden de aniquilar a 27 jóvenes indefensos en un anexo de Irapuato. Nunca comprenderemos la bestialidad del ataque. La cuenta de policías municipales y estatales ultimados por el grupo hacían ya insostenible el fracaso de no detenerlo.

Un pequeño poblado entre Celaya y Villagrán se convirtió en sede de un cártel que hace a Guanajuato el estado más letal del país. Santa Rosa de Lima está a 5 kilómetros del aeropuerto de Celaya. Ahí operan drones del Gobierno desde hace algunos años. Expertos israelíes capacitan a elementos de la Policía Federal, del Cisen y la Marina. Las naves silenciosas miran por todo el cielo del centro del país, vuelan hasta 5 o 6 kilómetros de altura. El alcance de los aparatos llega a las costas del Pacífico y el Golfo de México. Los drones vuelan durante 10 horas bajo mando por satélite. En ese pueblo luce una enorme quinta del jefe del cártel y su alberca, presuntamente nunca fue detectada. Ni siquiera se necesitaba alta tecnología para lograrlo porque desde la carretera Panamericana se puede ver. Había complicidad.

La inteligencia de las dependencias federales podría y debe conocer los movimientos de cualquier grupo. Era extraño que no tuvieran noticia de lo que sucedía entre ellos y la carretera de cuota que va de Salamanca a Celaya.

El cártel de “El Marro” creció por el robo a Pemex. Fueron miles de millones de pesos sustraídos con la complicidad de empleados de la paraestatal, policías locales e informantes infiltrados en las corporaciones del Estado, según refieren varias investigaciones y declaraciones de la autoridad. Con ese dinero compraron voluntades, sobornaron a cuerpos policiacos y los pobladores de Santa Rosa recibieron dádivas cuantiosas.

Cuando disminuyó el llamado huachicol, comenzó la pesadilla. Celaya sufrió la embestida criminal más grande de su historia. La extorsión sometió desde agencias automotrices hasta humildes tortillerías y puestos de tacos. La gente gritaba en marchas y demostraciones públicas su repudio a la inseguridad y al asesinato continuo de inocentes.

Villagrán y Juventino Rosas no opusieron resistencia desde el inicio. Apaseo el Grande y el Alto sucumbieron de inmediato. El Gobierno del Estado durante el sexenio pasado no pudo o no quiso enfrentar de lleno el problema. Las consecuencias son miles de muertos y una sociedad estancada y temerosa por la seguridad pública.

La detención de “El Marro” es una gran noticia que ojalá aliente la coordinación entre corporaciones federales, estatales y municipales; entre la Guardia Nacional, el Ejército, la Fiscalía estatal y la Secretaría de Seguridad Pública. Porque todavía hay mucho camino por recorrer. 

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