Opinión

Am, la huella del emprendedor (Recuerdos sueltos. Segunda parte)

Hoy en día, la pandemia y el descalabro económico promovido desde el poder central son los mayores retos de nuestra historia. Lo cierto, por fortuna, es que la libertad llegó para quedarse.

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Por: Enrique Gómez Orozco

En 1967, al concluir el gobierno de Juan José Torres Landa, el sucesor Manuel M. Moreno, desde el principio de su mandato se quejaba de la deuda heredada y ese fue su pretexto para no hacer algo trascendente en Guanajuato. El sexenio pasó de noche. Llegó Luis H. Ducoing en 1973 con un proyecto nuevo de “Renovación”.

La política tuvo una ebullición por la esperanza de que el joven gobernante de 36 años volviera a la senda de la inversión y el crecimiento. Así fue al principio. Luego se descompuso en una corrupción visible e insultante. Mi padre, Ernesto Gómez Hernández (q.e.p.d.) participó en la administración con el mismo espíritu emprendedor.

Colaboró en el Instituto Renovación que construía casas populares, luego participó en los “Patronatos”, una institución que hizo partícipe a los ciudadanos en la construcción de obras por todo Guanajuato. Como Ducoing era manipulador y un tanto inseguro, le encargó la Dirección de Turismo tres cargos en cuatro años. Al final mi padre se hastió de la corrupción del entonces tesorero del Estado, Enrique Machaen y del mismo Gobernador.

Usaban las arcas públicas como si fueran de su propiedad. Lo peor del PRI regresó a Guanajuato sin el menor recato. La alternativa para participar en la vida pública, lejos del gobierno, llegó con la oferta de un amigo de Saltillo, Mario Castilla.

En Piedras Negras, un grupo de empresarios compró toda la maquinaria para un periódico, pero antes de salir al público, los socios se pelearon y abandonaron el negocio. Castilla ofrecía todo el equipo a buen precio: rotativa, escritorios y equipo de fotomecánica. Como era a crédito, mi padre compró el paquete y renunció al gobierno. Ya tenía tarea.

Con mi tío Adolfo y luego con Roberto Suárez  a quien impulsamos para candidato a la gubernatura  se armó el periódico, no sin antes encontrar la primera obstrucción. Enrique Machaen, preocupado por la nueva publicación, ofreció a Mario Castilla pagar más por todo. Castilla honró su palabra y sostuvo el trato inicial. Nunca hubo un rompimiento formal o frontal con Ducoing quien inauguró el 21 de mayo de 1978 las instalaciones de AM en el Bulevar López Mateos.

Entonces se usaba así. El protocolo político de las épocas del PRI marcaba liturgias que sólo con el tiempo y el espíritu de libertad romperíamos. El papel lo administraba Pipsa, empresa del Gobierno usada para controlar a los medios.

Había grandes espacios de libertad que usamos hasta el límite de lo razonable, pero la rebelión frontal era suicida, como lo pudo constatar Julio Scherer en Excélsior. La revista Proceso y El Norte de Monterrey empujaban fuerte en su independencia a pesar de las amenazas del “sistema”.

Vivimos atados a las cuotas de papel impuestas por Pipsa, aunque algunos periódicos audaces se atrevían a comprarlo de contrabando para completar su dotación. Otra arma del Estado era la publicidad. Proceso recibía inserciones publicitarias que fueron canceladas por José López Portillo porque

no le gustaba pagar para que le pegaran”

, una frase que se convirtió al tiempo en una perversión de los gobiernos: usar el presupuesto público para favorecer el aplauso y castigar la crítica. Arma que hoy mismo se aplica desde el gobierno Federal sin empacho alguno. El reto de los primeros años fue formidable. Las crisis económicas y las devaluaciones, insufribles pero superadas.

Hoy en día, la pandemia y el descalabro económico promovido desde el poder central son los mayores retos de nuestra historia. Lo cierto, por fortuna, es que la libertad llegó para quedarse, ningún gobierno totalitario podrá instalarse en México mientras defendamos el derecho del ciudadano a conocer la verdad. Mil gracias a usted por hacer posible AM.

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