Opinión

Aniquilar al enemigo

Séptima regla de la guerrilla: Debe tener, en general, tres momentos: defensiva estratégica, equilibrio entre las posibilidades de acción del enemigo y de la guerrilla y por último el aniquilamiento total del adversario. Guevara, Ernesto Che. La Guerra de Guerrillas (Che Guevara Publishing Project) (Spanish Edition) (p. 5). Ocean Press. Edición de Kindle.

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Por: Enrique Gómez Orozco

Cuando el Che Guevara sale de Cuba para continuar su fracasada guerra de guerrillas por El Congo y Bolivia, establece siete “reglas de oro” para combatir. Cito la séptima regla y el último párrafo de sus afanes presuntamente libertarios. El Che menciona “el aniquilamiento total del adversario”.

Como en todo culto dogmático, sus seguidores tenían que cumplir con esas sentencias al pie de la letra. El fondo de todo modelo totalitario. Por eso preocupa la referencia del presidente López Obrador al Che como modelo de doctor.

Ningún ser humano con valores pretende aniquilar a sus enemigos salvo personajes dementes como Hitler, Stalin y Fidel Castro. En Cuba, los juicios sumarios, a mano alzada, cobraron miles de vidas inocentes por el afán de venganza de Fidel Castro y su compadre el Che. De él se deshizo amorosamente enviándolo a misiones imposibles.

Para construir una dictadura y gobernar por decreto es necesario eliminar a la oposición y en ocasiones hacer purgas internas como lo hace Kim Jong Un en Corea del Norte. En México, el Presidente tiene adversarios “moralmente derrotados”. Sus enemigos son los conservadores, la prensa independiente y el neoliberalismo. Si por él fuera los aniquilaría. Por fortuna, quedó asentado ya, que la Suprema Corte de Justicia tiene otros datos.

En su discurso nunca habla de la convivencia entre opuestos, ni celebra la pluralidad de ideas o la vida democrática que le permitió llegar al poder. En su pensamiento la oposición siempre está equivocada. Luego viene el juicio sumario al pasado, donde todo fue corrupción provocada por el modelo neoliberal.

Pero resulta una contradicción que hoy, a cinco días de exaltar la figura de Salvador Allende y el Che, México abra las puertas a la producción de automóviles y sus partes durante la pandemia. Todo porque estamos enganchados al tren más neoliberal, el del tratado de libre comercio con Estados Unidos y Canadá.

El Che diría que somos víctimas del imperialismo yanqui, y Allende propondría nacionalizar todas las plantas ensambladoras de autos. Así pensaban y así se hundieron. Cuba, su amado modelo antiimperialista, sólo produce habanos, ron y lástima; Venezuela, el otro bastión del socialismo tropical, cada día se hunde más a pesar de su inmensa riqueza natural. Va encaminada a la autodestrucción.

Sin el nuevo T-MEC las esperanzas del país estarían en un mercado interno insuficiente y débil. Sin ese tratado, Pemex nos llevaría al mismo puerto al que llega ya Argentina, la insolvencia y la penuria de una inflación sin freno. López Obrador tendrá que enfrentar pronto la realidad: la salida del país está en el avance de la productividad, dentro de un modelo neoliberal. Todo lo demás es fantasía tercermundista.

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