Apuesta suicida

Cualquier empresa quebrada que sigue operando con pérdidas quita recursos a los dueños y a la sociedad en su conjunto. No importa de quién sea el negocio ni en qué país opere.

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Por: Enrique Gómez Orozco

En los negocios, si quieres ser exitoso, siempre debes ganar”.  -Konosuke Matsushita

Cualquier empresa quebrada que sigue operando con pérdidas quita recursos a los dueños y a la sociedad en su conjunto. No importa de quién sea el negocio ni en qué país opere. Algunas veces lo he comentado aquí: Konosuke Matsushita, fundador de National-Panasonic y gran constructor del Japón lo sabía. Cuando un gerente de alguna de sus empresas perdía dinero, lo reprendía con toda su furia, a pesar de ser un hombre considerado y profundamente humano.

Pemex perdió el año pasado 21 mil 417 millones de dólares, que al tipo de cambio de hoy (20.84 pesos por dólar), significan 446 mil millones de pesos ( $446,000,000,000). La CFE perdió 79 mil millones de pesos. Si sumamos las dos pérdidas serían poco más de medio billón de pesos.

Con el reporte de los resultados de las empresas en 2020, cada mexicano amaneció con una deuda de 4 mil pesos más. En una familia de cinco miembros, la pérdida de Pemex significa 20 mil pesos. La deuda se reparte entre todos: el papá y la mamá, los hijos, los abuelos, todos.

Las deudas generadas por esas pérdidas nos cuestan todos los días aunque no lo veamos. Las tasas de interés internas y externas, muy superiores a las del mercado internacional, se reflejan en el pago de hipotecas, créditos al consumo e inflación. El Gobierno tiene que distraer recursos para alimentar a las dos “bestias”. Dinero que podría usarse para la educación como lo dijo bien Bill Gates. También para la salud y la inversión en infraestructura.

Regresando del pasado, Manuel Bartlett y el presidente López Obrador tomaron la decisión de fortalecerlas cuando no hay forma de hacerlo sin antes administrarlas como empresas neoliberales, es decir, que se apeguen a las leyes del mercado y a estándares de productividad internacional. La decisión de construir una séptima refinería en Dos Bocas, en lugar de mejorar a Pemex, lo coloca ante la necesidad de más recursos y mayor inversión cuando el mundo y México cada día necesitarán menos gasolina.

La peregrina idea es lograr la “soberanía energética” porque en otra época la tuvimos y nos daba para exportar. Ya no. La visión de Carlos Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo convirtieron al país en una máquina de exportar. La apertura comercial trajo la bendición de la diversificación. Tan sólo en diciembre México exportó 40 mil millones de dólares en mercancías. Nos ayudaron a pagar todo lo que importamos, incluidos el gas y la gasolina que compramos a Estados Unidos.

La única salida para Pemex sería cerrar todas las refinerías, indemnizar a 2 terceras partes del personal y asociarse con empresas privadas locales y extranjeras para extraer todo el petróleo que se pueda a la mayor velocidad posible. Aún así el Gobierno tendría que asumir los pasivos laborales de las pensiones y convertir lo que debe Pemex en deuda soberana.

La humanidad comienza el largo proceso de la descarbonización para poder salvar al planeta y a la especie de una catástrofe equivalente a decenas de pandemias como las del año pasado. Cada día aceleramos el cambio. Ir en sentido contrario es suicida. (Continuará)

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