Apuntes sobre una isla rica y una isla pobre

Los dos líderes tomaron el mando en 1959. Lee Kuan Yew había negociado con el Reino Unido la independencia de Singapur. Fidel Castro derrocó a Fulgencio Batista con una guerra de guerrillas.

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Por: Enrique Gómez Orozco

Los dos líderes tomaron el mando en 1959. Lee Kuan Yew había negociado con el Reino Unido la independencia de Singapur. Fidel Castro derrocó a Fulgencio Batista con una guerra de guerrillas. 

Después de 62 años la diferencia de ambos países es abismal aunque los dos partieron de ser tercermundistas, Singapur pertenece al primer mundo y supera en ingreso por habitante a Inglaterra, Alemania y Estados Unidos. Tan sólo en la pequeña isla hacen negocios más de 200 bancos internacionales. Además es una de las ciudades más bellas del mundo. Impoluta, segura. Vibra por ser mejor, por saber más. Desde hoy diseñan y sueñan el año 2050 para construirlo.

Cuba tiene hambre y está enferma. Su presunta igualdad comunista sirve para poco y lo único que sale de la boca de los gobernantes herederos de Fidel son lamentos. 

Repiten, desde hace seis décadas, que sus males provienen del imperialismo norteamericano, del embargo y los intereses oscuros de los capitalistas del mundo.

Los cubanos son madrugadores, primero porque la mañana es fresca y después porque es la hora de hacer fila para recibir algo de comida. Desde lejos es fácil encontrar la falla de su sistema: producen poco y mal. Su desarrollo en salud pública quedó al desnudo cuando ya no hubo divisas para importar hasta las cosas más sencillas como jeringas. No hay industria, la agricultura es una caricatura de lo que fue antes del reparto de tierras y lo único que ayudaba aparte de las remesas de los cubanos en EU, era el turismo, hoy derruido por la pandemia.

Ningún político latinoamericano lo dice con tanta valentía y claridad como el uruguayo Luis Almagro, presidente de la Organización de Estados Americanos. Cuba vivió como parásito de la Unión Soviética, vivió como parásito de Venezuela, y lo más trágico, prostituyó a su juventud convirtiendo a miles de mujeres en “jineteras” ante la mirada complaciente de Fidel. Tirano proxeneta de su propio pueblo. 

La isla rica siguió la fórmula del pragmatismo estratégico: buscó lo que funcionaba y luego evolucionó. Aprendió de todos, abrió de par en par la puerta a la inversión. Luchó por atraer capitales. Ahorró el 40% de su ingreso año tras año y lo invirtió en infraestructura, seguridad, educación y empresas insignia como su línea aérea, la mejor del mundo. 

Lee Kuan Yew puso a los comunistas en la cárcel durante dos décadas para que no estorbaran en su proyecto. Construyó el servicio público mejor remunerado del mundo e instituyó como medida de todas las cosas el mérito personal. “Aprendí que la igualdad no existe, que todos somos distintos”, contaba en sus memorias. No obstante Singapur es más socialista que cualquier nación latinoamericana por la seguridad y oportunidades que tienen todos sus ciudadanos. Siempre aparece entre los cinco países más pacíficos, con menor corrupción y libertad económica. No es un paraíso porque las leyes son duras, hay pena de muerte y cuelgan a quien trafica con drogas o mata a un semejante. Además tienen la vieja costumbre asiática de azotar a los delincuentes. 

Los organismos internacionales de derechos humanos tachan más a Singapur que a Cuba por extrañas razones ideológicas. Después de ver las palizas que le dieron a los manifestantes cubanos el pasado 11 de julio, nuestro país cae en el cinismo de culpar al “bloqueo”. La misma cantaleta de los perdedores, de quienes siempre cargan sus desgracias en las manos de otros.

Tan sólo abrir en Google la palabra Singapur y después Cuba, nos muestra que “por sus frutos los conoceréis”. 

Al final la bendita libertad y el ansia por obtenerla derrocará a la tiranía castrista. No sabemos cuándo, pero sucederá. 

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