¿Caerá Joe Biden en la trampa de Maduro?

El dictador venezolano Nicolás Maduro ha lanzado una astuta campaña de seducción para lograr que Estados Unidos levante las sanciones contra su régimen. Pero el gobierno de Joe Biden debería tener mucho cuidado en no caer en una trampa.

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Por: Andrés Oppenheimer

El dictador venezolano Nicolás Maduro ha lanzado una astuta campaña de seducción para lograr que Estados Unidos levante las sanciones contra su régimen. Pero el gobierno de Joe Biden debería tener mucho cuidado en no caer en una trampa.

Maduro, quien se reeligió fraudulentamente en 2018 y según las Naciones Unidas es responsable de más de 7,000 ejecuciones extrajudiciales desde entonces, ha realizado recientemente varios gestos políticos que sus aliados describen como concesiones importantes.

El 4 de mayo, el régimen de Maduro instaló un nuevo Consejo Nacional Electoral (CNE) de cinco miembros, dos de los cuales son independientes. En el CNE anterior, los cinco eran chavistas.

Asimismo, el 30 de abril el régimen de Maduro sacó de la cárcel a varios ejecutivos estadounidenses de la compañía petrolera Citgo, y les permitió cumplir con arresto domiciliario. Estos y otros gestos similares le han generado apoyos en Estados Unidos.

El presidente del comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, Gregory W. Meeks (D-NY), dijo en un comunicado que el nuevo CNE de Maduro “marca un paso importante hacia elecciones libres y justas”.

El International Crisis Group, un grupo de defensa de la paz de Estados Unidos, emitió una declaración diciendo que Washington debería responder con “un alivio de las sanciones y con gestos diplomáticos que puedan revertirse si Venezuela da marcha atrás”.

Pero el problema es que Maduro ha participado en varias negociaciones en los últimos años, y las ha usado para dividir a la oposición y abrir una brecha en la coalición internacional que busca la restauración de la democracia.

Maduro podría estar logrando una vez más dividir a sus rivales. El líder de la oposición venezolana, Juan Guaidó, reconocido por Estados Unidos y la Unión Europea como el líder legítimo de Venezuela, rechazó de inmediato el tribunal electoral designado por Maduro.

Pero el ex candidato de la oposición Henrique Capriles aceptó al nuevo CNE, en un claro indicio de que se presentará en futuras elecciones.

Para no quedarse fuera de juego, Guaidó propuso el 11 de mayo un “Acuerdo de Salvación Nacional” con el régimen de Maduro, abandonando su posición anterior de que solo podría haber elecciones libres bajo un gobierno de transición, sin Maduro en el poder.

Como condición para participar del acuerdo con Maduro, Guaidó exigió, entre otras cosas, un cronograma para las elecciones presidenciales, legislativas y locales, libertad de prensa, liberación de presos políticos y que los líderes opositores proscritos puedan regresar al país y postularse para cargos públicos.

Guaidó agregó que su propuesta podría incluir el levantamiento gradual de las sanciones, condicionado al cumplimiento por parte del régimen de Maduro de los principales objetivos del acuerdo.

¿Qué hará Biden? Por ahora, ha dicho que apoya el acuerdo propuesto por Guaidó.

El embajador de Estados Unidos en Venezuela, James Story, me dijo en una entrevista telefónica que “apoyamos una solución negociada integral que aborde todas las condiciones necesarias para unas elecciones libres”.

Estas incluyen “la liberación incondicional de los presos políticos, un mayor acceso a la ayuda humanitaria, la libertad de prensa, la rehabilitación de los partidos políticos y el cese de los ataques contra la sociedad civil”, agregó.

Cuando le pregunté por el nuevo CNE de Maduro, Story respondió que “es insuficiente para que se realicen elecciones libres y justas”.

Sin embargo, me pregunto si la respuesta de Estados Unidos es suficientemente rotunda. El gobierno de Biden debería preguntarse si puede haber elecciones libres en Venezuela con un tribunal electoral controlado por chavistas.

Negociar con una dictadura para restaurar la democracia es algo complicado. Funcionó en el plebiscito de Chile de 1988 para derrocar la dictadura de Pinochet, y funcionó en Nicaragua para llegar a las elecciones de 1990 que derrocaron al régimen sandinista. Pero no ha funcionado en Venezuela en los últimos 20 años.

Maduro a veces ha permitido que los políticos opositores ganen elecciones locales o legislativas, pero al rato los destituyó de un plumazo.

Si Biden y Guaidó juegan bien sus cartas y exigen un acuerdo integral, pueden salir ganando. Pero si comienzan a hacer concesiones parciales y relajan las sanciones, Maduro se saldrá con la suya, como tantas veces antes.

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