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Calderón: “Wag the Dog”

La frase “Wag the Dog”, o agita al perro, se usa para indicar que la atención se desvía a propósito de algo de mucha importancia a un hecho menor. Wikipedia. 

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Por: Enrique Gómez Orozco

La frase “Wag the Dog”, o agita al perro, se usa para indicar que la atención se desvía a propósito de algo de mucha importancia a un hecho menor. Wikipedia. 

Felipe Calderón no se deja. El expresidente panista se convirtió desde el principio del gobierno de López Obrador en su  “costal de boxeo”. De tanto lo acusan, que ahora en tono de chunga decimos que hasta la pandemia debió ser su culpa. 

Con el PRI callado y sumizo, el PAN y su ex candidato presidencial Ricardo Anaya mudos, el único que da la pelea ante las acusaciones en cascada del Presidente, es Felipe Calderón. La última andanada fue decir que su sexenio era un narcoestado por las acusaciones a su entonces secretario de Seguridad, Genaro García Luna. Antes lo había responsabilizado de iniciar la guerra contra el narco. 

El domingo, la revista Proceso publica un artículo donde también se “filtran” acusaciones de la Fiscalía General de la República donde Calderón habría tenido tratos oscuros con Odebrecht. De inmediato el expresidente “abre la conversación” y responde que “le van a hacer los mandados”, porque la filtración es falsa, además de ilegal. 

De paso arremete contra López Obrador mencionando que él no saludó a la mamá del Chapo y que la pandemia había dejado ya 150 mil muertos, tres veces más de lo reportado por el Gobierno. 

Si la actual Presidencia y sus voceros tienen como culpable de toda desgracia pasada y presente a Calderón, el discurso se desgastará. No ajusta para tapar las verdaderas desgracias que nos aquejan. Hay un arsenal de hechos que puede usar la oposición para debatir. El primero es la economía, el segundo la pandemia, el tercero el rumbo extraviado del país, entre algunos.

Viene bien a México y a su vida política tener un opositor fuerte, alguien que no agacha la cabeza ni deja que lo agredan con falsedades. 

En Cuba, por ejemplo, el pueblo se comió toda la historia negra que contaba Fidel Castro todos los días sobre el malvado imperio norteamericano. Su vecino era el culpable de las desgracias de Cuba, pero Fidel era el héroe defensor; un demonio y un ángel para someter con el ejército y la Gestapo interna a un pueblo arrodillado.  

Barack Obama tuvo la sabiduría de abrir las puertas al turismo y al comercio con Cuba. Abrió su embajada en La Habana y  eliminó las resistencias y el argumento falso que mantuvo por 60 años la dictadura castrista. Llega Trump y regresa al apretón, al embargo y al estrangulamiento de la economía de la isla. Vuelve a dar argumentos a los comunistas para mantenerse en el poder. 

Calderón puede responder de dos maneras: defenderse “porque le hacen los mandados” o plantear el futuro de un país que la mayoría anhelamos. Sabe dónde falló porque es corresponsable del presente. Su guerra fracasó porque nunca fue a la raíz del problema: la corrupción institucionalizada, incluso dentro de su propio partido. 

Una jugada maestra sería reconciliarse con el PAN. Comenzar desde a construir acuerdos con quienes fueron sus enemigos en la pasada elección. El interés superior de la Nación demanda una oposición fuerte y unida. En eso Calderón no cumplió cuando presidente porque los conflictos internos en su partido, al que quiso someter, derivaron en la derrota. Está bien que se defienda con su talento discursivo, pero mejor sería transformar su oratoria en mensajes de esperanza y unión para un México siempre libre.

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