Cáncer de mama: apostemos a más que buenos deseos

El cáncer de mama es una enfermedad maligna generada al proliferar de manera acelerada, con desorden y descontrol, las células que conforman los distintos tejidos de la glándula mamaria. 

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Por: Dr. Juan Manuel Cisneros Carrasco

El cáncer de mama es una enfermedad maligna generada al proliferar de manera acelerada, con desorden y descontrol, las células que conforman los distintos tejidos de la glándula mamaria. 

De manera general, la proliferación cancerosa afecta las estructuras ductales o lobulillares, sin originar mayores síntomas y con un bajo potencial de diseminación. Al paso del tiempo, estas lesiones pueden tener una progresión que invade el tejido circundante mamario, para luego extenderse a los nodos linfáticos u otros órganos (condición denominada metástasis). 

Bajo esta perspectiva, es que se infiere la necesidad de una identificación oportuna para que el tratamiento sea mucho más efectivo, siendo las alternativas terapéuticas la aplicación de medicación (terapia hormonal, quimioterapéuticos o biológicos dirigidos) así como remoción quirúrgica o radiación.  

El panorama no es alentador, pues se establece que tan sólo el año pasado poco más de 2.3 millones de mujeres fueron diagnosticadas con cáncer y alrededor de 700,000 murieron por esta condición. Con millones de casos activos, esta enfermedad se vuelve la más prevalente al hablar de cánceres en la población, siendo de distribución universal. 

Es importante entender que esta enfermedad no es transmisible ni de carácter infeccioso y desafortunadamente multitud de casos se desarrollan en mujeres con factores de riesgo no identificables de manera plena, aunque se relaciona al aumento de edad, obesidad, abuso de alcohol, historia familiar de casos de cáncer, exposición a radiación ionizante, tabaquismo y terapia de reemplazo hormonal en la postmenopausia. De igual manera, es importante identificar algunas mutaciones genéticas puntuales que incrementan el riesgo para cáncer de mama, como son las que afectan a los genes BRCA1, BRCA2 y PABL-2, cuya detección tiene alternativas terapéuticas de mayor complejidad. 

La presentación clínica suele ser la aparición de una masa indolora, engrosamiento en la mama o alteraciones en el tamaño, forma o apariencia del seno. El enrojecimiento o alteraciones cutáneas, cambios de color en la areola o algún tipo de descarga, son también sugerentes de anomalías. 

En el entendido que la detección temprana da oportunidad de tratamientos más efectivos, es lo que debe hacer entender que la educación sobre este padecimiento se convierta en tema prioritario en salud. A la fecha, las estrategias de promoción de actividades de exploración, sensibilización sobre la enfermedad y campañas para alertar sobre esta condición de salud han sido los ejes de acción. Si bien cualquier esfuerzo es loable y la buena voluntad siempre será factor para lograr cosas, es importante establecer esfuerzos de una educación y sensibilización estructurada, para que las personas en riesgo (mayormente mujeres) sean capaces de identificar su situación con respecto a este padecimiento y de igual manera tener la capacidad de realizar acciones prontas de identificación, pero que vayan más allá del ejercicio de autoexplorarse y tengan acceso a consejería, evaluación, alternativas diagnósticas de laboratorio y gabinete, así como servicios clínicos médicos, tratamientos accesibles y atención hospitalaria para prevenir y dado el caso, tratar la enfermedad y bajo circunstancias favorables curar incluso este padecimiento. 

Sí, pintémonos de rosa este mes, pero también hagamos lo necesario para colaborar (y exigir a quien se deba hacerlo) el tener acceso a educación en salud con respecto al cáncer, así como servicios de calidad, para hacer frente a estos padecimientos.

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