Opinión

Carlos ‘A’

Según las últimas noticias sobre el caso de Carlos Ahumada (a quien la Fiscalía General de la República llama Carlos “A”), el empresario no cumplió con el pago de sus deudas con Hacienda y la demanda de extradición sigue en pie.

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Por: Enrique Gómez Orozco

Según las últimas noticias sobre el caso de Carlos Ahumada (a quien la Fiscalía General de la República llama Carlos “A”), el empresario no cumplió con el pago de sus deudas con Hacienda y la demanda de extradición sigue en pie.

En un reporte del Ministerio Público de la CDMX, el hijo de Carlos Ahumada denunció el robo de dos cajas fuertes en su casa de San Ángel que contenían joyas y documentos. ¿Quién podría tener interés en esos papeles? ¿Sus enemigos acérrimos del PRD a quienes patrocinaba cuando estaba en la cima económica? Tal vez haya muchas más grabaciones de las que soltó hace años o recibos de apoyo a candidatos del PRD a quienes menciona, al menos a una docena, en su libro.

Está por saberse.

En  “Derecho de Réplica”, el empresario corruptor, hace una descripción pormenorizada de múltiples dádivas, servicios y complementos otorgados a quienes hoy tienen el poder. Cientos de millones de pesos que fluían sin dificultad en efectivo a las manos de personajes como Carlos Ímaz que en ese entonces era marido de Claudia Sheimbaum, gobernante de la CDMX. En 2009, cuando publica su alegato, Ahumada menciona haberle dado dinero a Ímaz en el verano de 2003 para su campaña y un viaje personal a Europa con su entonces esposa. Una de tantas revelaciones que podrían investigarse. 

El libro se convierte casi en una reseña social de políticos que disfrutan de las dádivas de Ahumada con puños de billetes como si fuera el Santa Claus de la política. Para dispensar todas las ayudas, debió estar detrás toda una maquinaria de contratación de obras, compras y servicios de las delegaciones del entonces Distrito Federal. Para repartir 400 millones de pesos tuvieron que otorgársele obras por 4 mil. Para sostener múltiples contiendas electorales, el PRD produjo una cauda de corrupción que ya no perturba mucho a quienes hoy se cobijan bajo el manto de Morena. 

Cuenta en su libro:

“También apoyé a Armando Quintero, que estaba compitiendo con Emilio Serrano en la delegación Iztacalco. Lo ayudé con dinero y con cuestiones como las encuestas que mandé hacer con Paco Abundis de Parametría. Yo las pagaba y se las compartía y entregaba a Rosario Robles, Armando Quintero, Carlos Ímaz, a todos ellos y a algunos candidatos del PRD en el Estado de México. Asimismo respaldé las campañas de Leticia Robles en Álvaro Obregón y las de Francisco Martínez Rojo y Fátima Mena en Tláhuac, entre otros”.

Dijo apoyar a Lázaro Cárdenas Batel en su campaña por Michoacán en 2002 y a Higinio Martínez para la presidencia municipal de Texcoco. 

Todo ese río de dinero lo perdió cuando alguien lo convenció de grabar y difundir sus contribuciones en efectivo. Le dijeron que tronaría a los enemigos de sus amigos, que Andrés Manuel López Obrador no tendría forma de defender lo indefendible. Vaya usted a saber si fue Carlos Salinas o Diego Fernández o fue animado por el Gobierno federal encabezado por el PAN. 

Lo cierto es que la resistencia, la resiliencia de AMLO lo hizo resurgir frente al asombro de todos los que conspiraron contra él. El libro de Ahumada sí tuvo efecto en sus enemigos, pero al final es una confesión de parte. Las ayudas hoy se consideran sobornos, tráfico de influencias y, al final, delitos electorales. La historia va para largo, al igual que el camino recorrido por el hoy imbatible López Obrador.

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