Celibato, ¿beneficio o perjuicio?

El Papa dice, “sentir vergüenza y estar triste por la incapacidad de la Iglesia para detener y corregir los abusos sexuales contra niños por parte de clérigos y miembros de la alta jerarquía católica.”

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Por: Alejandro Pohls Hernández

El Papa dice, “sentir vergüenza y estar triste por la incapacidad de la Iglesia para detener y corregir los abusos sexuales contra niños por parte de clérigos y miembros de la alta jerarquía católica.” Pareciera que este flagelo es una realidad perpetua que se niega a desaparecer de la Iglesia.

Un día después de que la importante investigación “Sauvé” revelara que el clero francés abusó de más de 300,000 niños entre los años 1950 y 1970, el Papa dijo: “Este es el momento de la vergüenza,” al tiempo que pidió a los obispos que “hicieran de la Iglesia un lugar seguro para los niños.” Jean-Marc Sauvé, vicepresidente honorario del Consejo de Estado en Francia, que compiló el informe, dijo que la Iglesia mostró indiferencia hacia los abusos durante años, prefiriendo protegerse a sí misma en lugar de a las víctimas.

Solicitudes de perdón, oraciones y declaraciones, van y vienen; pero, estas no solucionan de fondo los crímenes sexuales y la amenaza latente de abusos contra menores. Sólo los escándalos de las investigaciones que aparecen en todo el mundo han propiciado temporalmente actos de contrición de parte del Vaticano, pero sin poner en la cárcel a los criminales. La impunidad es siempre una afrenta, que socava seriamente la credibilidad moral de la vetusta Institución.

Otros Informes han sido presentados con las mismas y devastadoras consecuencias: El triste y célebre Reporte Ryan de la Comisión creada por el gobierno irlandés, en 1999, para investigar los abusos sexuales cometidos contra niños y adolescentes, también arrojó datos escalofriantes: concluyó que los abusos sexuales fueron una pandemia crónica y lo mejor que pudieron hacer obispos y congregaciones fue encubrir a los delincuentes. Y, ni que decir de una caterva de  integrantes de la Legión de Cristo, que además de cometer cualquier cantidad de crímenes sexuales contra menores, enamorar viudas y exprimirles su dinero, siguen viviendo en total impunidad, escondiendo dinero en paraísos fiscales, evadiendo controles del Fisco y Roma, además de engañar a los donadores de buena fe, según los “Pandora Papers.”

Y, en la Iglesia mexicana, no se ha abierto aún la caja de Pandora, porque la jerarquía se ha negado a realizar censos e investigaciones: Recientemente, en una entrevista, el nuncio apostólico en México, Franco Coppola, admitió que ocho obispos mexicanos estarían bajo investigación por el presunto encubrimiento de delincuentes sexuales. Según Coppola, “en los últimos años se denunciaron a 328 sacerdotes y de estos, 134 fueron hallados como delincuentes seriales.” Agregó, “que hay muchos delincuentes alojados en congregaciones religiosas bajo el fuero del encubrimiento que les brindan los obispos:” am.

Pero, ¿cómo pensarán detener esta pandemia de abusos a menores? El asunto no es nuevo, la diferencia estriba en que en la actualidad se denuncia y se publica, lo que en antaño era imposible. Poniendo los ojos en blanco y encendiendo veladoras no van a cambiar los requerimientos sexuales que existen en la naturaleza humana, imposible negar esta realidad.

Los expertos consideran que la abstinencia no es el estado natural del ser humano, lo que lleva a pensar que la restricción pudiera conducir a desviaciones y alteraciones incontrolables de los impulsos que reprimen desde que entran al seminario. ¿El celibato es pues un dictado divino? No, definitivamente no.  Es un dictado de orden económico y disciplinario que violenta con represión el cuerpo y exacerba la neurosis del espíritu, con costos sociales muy altos que generan continuos escándalos e infracciones a las leyes. ¿Qué sería más preciado, la inocencia de un niño, o el celibato de un cura?

Hasta donde la Historia nos lleva de la mano, el origen del celibato es el siguiente: En el año 1073, el papa Gregorio VII encara al emperador Enrique IV, por la “Querella de las Investiduras,” donde el Pontífice tajantemente extirpó el matrimonio, sin importarle el concubinato, de los servidores de la Iglesia, porque lo que se trataba era impedir que los descendientes se beneficiaran  de las propiedades que la jerarquía y religiosos poseían, provenientes de donaciones del emperador. Por un interés económico nace la prohibición del matrimonio. 

Algunos prestigiados sociólogos consideran que el fenómeno de los abusos a menores bajaría considerablemente si se aboliera el celibato a los sacerdotes y tuvieran una compañera, una esposa, que los atienda en casa, que pudieran tener hijos, una familia, alguien con quien vivir su vejez, contrastar los errores, lo cual brindaría una vida más acorde a la condición e impulsos humanos. 

Entonces, el tema es que, al liberar a estos santos varones del celibato, entregarían menos limosnitas a la arquidiócesis porque tendrían que mantener dignamente a su familia.  La mayoría que no está en este estado de convivencia sexual de pareja, padece una neurosis espantosa, la fobia a la sexualidad que les insertan en el inconsciente desde temprana edad les ayuda a reprimirla, con las consabidas consecuencias que los llevan a terribles desviaciones y conductas enfermizas. El celibato sacerdotal, ¿beneficia o perjudica a la sociedad?

“Quien controle las pulsiones del ser humano y los sentimientos de culpa, controla al individuo”: Erich Fromm. La neurosis de culpabilidad que padecen algunas personas por el ejercicio de la sexualidad “va en relación directa al tamaño de la carga cultural represora de la religión que practique.”

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