Centralismo desconfiado

En el presupuesto para el 2022 hay una propuesta para eliminar la deducción de las aportaciones a asociaciones civiles con fines filantrópicos.

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Por: Enrique Gómez Orozco

En el presupuesto para el 2022 hay una propuesta para eliminar la deducción de las aportaciones a asociaciones civiles con fines filantrópicos. En pocas palabras el Gobierno dice: no coopero con el trabajo social de los ciudadanos, no confío en sus instituciones.

Aunque en el país hay muchas asociaciones para aliviar enfermedades, adicciones, discapacidades y otras carencias, nunca son suficientes. Menos en los tres últimos años donde el Gobierno destruyó el Seguro Popular, la última red de protección para enfermedades catastróficas para personas sin Seguro Social, ISSSTE o seguros de gastos médicos de aseguradoras privadas. 

Con su tradicional machete, Morena quiere eliminar esas deducciones que alientan a las empresas y a los particulares a dar 65 o 70% de sus ingresos. Tomemos dos ejemplos locales. Casa Amigo Daniel A.C. logra año con año rescatar a niños abandonados o maltratados para encontrar familias que los adopten. La atención amorosa de la organización requiere de muchos apoyos que en parte reciben de empresas y personas físicas. 

Lo mismo sucede con la Fundación León, A.C. que construye centros de convivencia social en las zonas más pobres de León. Son sólo dos ejemplos de muchos que hay. El estímulo fiscal de la deducción tiene razón de ser. En casi todos los países desarrollados las leyes permiten que los ciudadanos colaboren con tareas que no siempre el Estado puede completar. 

Uno de los ejemplos más grandes es el hospital St. Jude en Memphis, Tennessee, que atiende a niños con cáncer, además de investigar y desarrollar medicamentos para disminuir la mortalidad infantil por ese flagelo. En México hay organizaciones como el Teletón, que reúne cientos de millones de pesos cada año para atender niños discapacitados. 

En Estados Unidos existe un gran incentivo para donar: el impuesto a las herencias es muy alto y los ciudadanos con grandes ahorros prefieren donar en vida y ver que el fruto de su trabajo sirve para ayudar a los demás. Alguna vez comentamos que la fortuna de Bill Gates y Melinda Gates, Warren Buffett y Charlie Munger (más de 200 mil millones de dólares) sirve para eliminar la malaria en África o desarrollar vacunas y disminuir la mortalidad infantil en el mundo, además de otras muchas iniciativas para combatir el cambio climático. 

Instituciones educativas del más alto nivel en México funcionan como entidades no lucrativas que pueden recibir donativos deducibles. El Tec de Monterrey, la Universidad Iberoamericana y el ITAM se construyeron con la aportación de empresarios y del erario federal. Cuando alguien dona, todos donamos. Esa es la filosofía de una deducción fiscal. 

Pero la actual administración pública cree que los particulares no tienen derecho a administrar indirectamente fondos públicos. Cree que todo debe centralizarse y ese 30% de ISR, más el 10% de PTU, más el impuesto a los dividendos, no debe deducirse porque el Gobierno tiene mano. Me imagino las uñas de un tipo como Manuel Bartlett diciendo: ese dinero lo manejo yo. 

Es fácil probar que los particulares en sus fundaciones administran mucho mejor que cualquier entidad gubernamental. Aún así, los de Morena quieren todas las canicas, llámense fideicomisos, fondos para desastres y ahora deducciones  para instituciones de asistencia social. 

El pretexto de todo es que “hay mucha corrupción” en esas deducciones. Puede ser que haya abusos como en todo, pero el remedio no es sacar un machete sino usar un bisturí para limpiar lo podrido. Si en el Congreso aún conservan algo de cordura y dignidad, deben rechazar la nueva iniciativa. El país necesita cientos de fundaciones más. Incluso, si algún día tuviéramos un impuesto a las herencias, debería dedicarse a fortalecerlas.

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