Opinión

Cherán Ke’ri, ocho años de lucha comunitaria

La madrugada del 15 de abril de 2011, las mujeres de la comunidad purépecha de Cherán, bloquearon las salidas del pueblo para impedir que talamontes clandestinos

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Por: Malú Micher

La madrugada del 15 de abril de 2011, las mujeres de la comunidad purépecha de Cherán, bloquearon las salidas del pueblo para impedir que talamontes clandestinos, apoyados por autoridades y grupos del crimen organizado siguieran depredando los ancestrales bosques  maderables. Y al llamado de las campanas de la iglesia del Calvario, el resto de la población se incorporó al levantamiento y consiguieron  no sólo detener el robo de los recursos comunitarios sino también despertar las consciencias e iniciar una trasformación política profunda.

Con machetes, palos y rifles, desconocieron  a  partidos políticos e impusieron el bien común por encima de los intereses mercantilistas. Organizaron fogatas en las calles para vigilar el poblado, bloquear salidas de talamontes y estar pendientes de cualquier acontecimiento. Demandaron seguridad, justicia y restitución forestal. Le siguió la reestructuración del gobierno comunal, con los problemas propios de todo cambio radical, pero ayudados de la buena estrella de saberse herederos y herederas de un marco valoral milenario del que se habían desviado, al que le llaman kaxumbekua. 

Cherán, Michoacán, pueblo de veinte mil habitantes, celebró la semana pasada ocho años del inicio de su proceso autonómico. 

En el contexto de variados actos culturales y cívicos, la noche del domingo 14, se conmemoró el inicio del levantamiento, recorriendo las diversas fogatas callejeras esparcidas por las esquinas del poblado pues “el fuego de la cocina se trasladó a las calles para transformar nuestras conciencias” me confesó doña Imelda. El sacerdote del lugar bendijo la primer fogata, la del Templo del Calvario, pues “las campanas nos llamaron a la lucha” .Por ello durante la conmemoración, el Consejo Mayor, ya no Ayuntamiento,  visitó las fogatas y enviaban mensajes de aliento para recordar los momentos amargos, no decaer en la lucha y mantenerse en unidad. Se ofrecía café, tacos de charal, buñuelos y corundas, como símbolo de la generosidad y del destino común de los bienes.

El desfile del lunes 15 pasó  por los cuatro barrios en los que se divide el pueblo; fue encabezado por los ke´ris –mayores- del Consejo de Gobierno y le siguieron contingentes representativos de las fogatas, en su mayoría presididos por mujeres así como el contingente de las rondas comunitarias , ya no policía. Entre música, cantos y consignas, cientos de personas exhibieron el orgullo indígena de saberse en un camino complicado pero con un horizonte  de esperanza colectiva. 

En el atrio del Calvario se ofreció una comida comunitaria. Lo financiaron las propias autoridades a través de una contribución de su escaso salario y así se degustó el famoso caldo de res “churipo” acompañado de corundas.  Cientos de personas  fueron invitadas a compartir los alimentos y al son de “aquí todos somos iguales” frase de las y los anfitriones, a nadie podía faltarle comida.

Por la tarde en la Casa Comunal –antes presidencia municipal- el Consejo Mayor dio un informe de actividades a reunión abierta y se procedió a hacer una evaluación de los avances y dificultades en su gestión. Interesante la discusión entre los que proponían   “o somos de aquí o somos de allá, los purépechas somos decididos, o somos indígenas o somos del gobierno” y algunos otros reflexionaban sobre la necesidad de ser menos sectarios y articular, sin perder el control comunitario, una nueva relación con el gobierno.

Vale la pena aprender del proceso de liberación de esta gran comunidad indígena. Comida para todos y todas, cuidado de la casa común, protección comunitaria, organización para liberarse de la opresión e injusticia, entusiasmo y alegría en la lucha, empoderamiento de las mujeres, decisiones compartidas, bien comunal, caerse y levantarse. Buen modo de vivir esta Semana Santa y todas las del año.

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