Cien años de Selecciones(Segunda Parte)

A los 11 años leí en Selecciones del Reader´s Digest un artículo sobre el drama de la adicción a las drogas.

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Por: Enrique Gómez Orozco

A los 11 años leí en Selecciones del Reader´s Digest un artículo sobre el drama de la adicción a las drogas. Era la historia de los consumidores de heroína en Nueva York y la tremenda dificultad que tenían para quitarse de encima esa esclavitud que hoy catalogamos como enfermedad. Caló tan hondo la miseria de la dependencia descrita en Selecciones que juré nunca probar una droga dura. 

El tema sigue más vigente que nunca con las 100 mil muertes anuales por sobredosis en Estados Unidos. El mayor asesino es el fentanilo, sustancia 50 veces más potente que la heroína. Un problema tan grave que la administración de Joe Biden está a punto de catalogar de salud pública y no judicial.

A mediados de los 60 descubrí colecciones de discos de música clásica producidos por Selecciones. Era “Música popular que vivirá por siempre” o “Selecciones clásicas de Selecciones”. Aún queda en la memoria la mercadotecnia de la revista que vendía todo lo que pudiera ser un bien cultural o de entretenimiento. Los discos no eran complicadas sinfonías de Shostakovich o Bruckner, sino populares composiciones de Mozart, Chopin o Beethoven o vigorosas obras como 1812 de Tchaikovsky o el Concierto de Varsovia de Richard Addinsell, que tanto inspiran. 

Alguien se tomó el tiempo de subir a Youtube discos de marchas populares o composiciones instrumentales, ahí están para refrescar la memoria, y como dicen, volver a vivir. 

De Witt Wallace y su esposa Lila Acheson pusieron un toque especial a la revista con la incorporación de una obra de arte en la contraportada. Era un espacio que no vendían a ningún precio porque querían difundir el gusto por la pintura o la escultura a la que ellos eran aficionados. La Coca Cola ofrecía millones por el espacio pero nunca le fue vendido. Al menos durante los años que los Wallace estuvieron al frente. 

Otra de las virtudes de los editores era que todo lo publicado sobre medicina o ciencia estaba sustentado. Tenían correctores, editores de historia e investigadores que no permitían ningún tipo de lo que hoy llamamos “fake news” o información sin sustento. Esa confiabilidad o credibilidad le dio el éxito. Tampoco había ni hay errores tipográficos de dedo o gramaticales. En alguna ocasión invité a nuestros colaboradores a encontrar faltas de ortografía, errores u omisiones en sus textos. Un buen ejercicio para apreciar la buena escritura y la pulcritud en sus ediciones. 

La gran recesión económica que vivimos en 1995 fue motivo de preocupación. En fines de semana de angustia y noches de sudor inesperado, siempre tuve muchas Selecciones en el buró. Lectura necesaria para elevar el ánimo (uplifting) y espantar las sombras. La actualidad de la revista no importaba ya, sino las historias perennes de personajes que se sobreponen a la adversidad. Ejemplos de líderes y grandes personajes de nuestro tiempo que enfrentaron los desafíos de su vida y tiempo con éxito. Roosevelt, Eisenhower, Churchill y De Gaulle encabezan la lista. 

Selecciones inició el boom de las lecturas llamadas de “autoayuda”, contenidos que hoy explotan en las redes sociales y convierten a otras “startups” en potencias educativas, como Udemy o Coursera. Youtube anuncia cómo puede un ciudadano cualquiera valerse de sus contenidos públicos para especializarse en algo tan complejo como la astrofísica. Una chispa de creación genera audiencias que pagan con abundancia a quienes transmiten conocimiento, consejos prácticos, información y entretenimiento. 

Y sigue el metaverso que apenas comienza, justo después de un siglo en que De Witt Wallace y Lila Acheson fundaron la “pequeña revista” que inauguró la difusión de la lectura fácil y la esperanza como productos vendibles. La inmersión en ese espacio inmaterial pero vívido y asombroso que espera a las próximas generaciones, volverá a transformar todo. Imaginemos, por un minuto, cómo será el mundo dentro de un siglo.

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