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Cobardía

Prevenir la cobardía merece la más seria atención del Gobierno, de la misma manera que la prevención de la lepra o cualquier otro mal ofensivo, porque la cobardía es contagiosa”. -Goh Keng Swee

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Por: Enrique Gómez Orozco

Prevenir la cobardía merece la más seria atención del Gobierno, de la misma manera que la prevención de la lepra o cualquier otro mal ofensivo, porque la cobardía es contagiosa”. -Goh Keng Swee

Hay un malestar grave en Sonora por la falta de respeto a la ley. Los yaquis pararon el tren desde hace más de dos semanas con las exportaciones y los insumos indispensables para el estado. Luego siguieron con la carretera por donde transitan también personas y bienes. Lo hacen con la mayor impunidad. 

Por si fuera poco ahora cortan el 80% del abasto de agua a Guaymas, población que registra hoy temperaturas hasta de 38 grados. La demostración criminal tira a la basura el trabajo de miles de sonorenses y produce pérdidas de cientos de millones a la industria. 

Un triple aneurisma a la actividad productiva y al derecho ciudadano del trabajo, el tránsito público y el agua. Un puñado de mexicanos (sean yaquis o de cualquier etnia) secuestran bienes, impiden la producción y cancelan el abasto de agua a una ciudad del tamaño de Guaymas. 

Sólo una gran cobardía del Gobierno puede permitir que unos cuantos abusen de miles porque sienten que nada ni nadie los detendrá. Es improbable que tengan derecho a todo lo que piden, a sus exigencias sin fin. 

Ningún mexicano tiene derecho a quitarle a otros sus derechos básicos. Si los yaquis no entienden razones después de días y días de “diálogo”, el Gobierno tiene la obligación de retirarlos de sus bloqueos. A quienes incitan a otros a delinquir, se les debe aplicar el rigor de la ley. 

Si la actual administración federal permite que la doblen cada vez que a un grupo se le ocurre dañar al país tapando vías del tren, cortando carreteras o lastimando a terceros, las extorsiones se multiplicarán. La CNTE, los yaquis o normalistas de Michoacán hacen lo que les viene en gana y cada vez es la misma historia. Una lección terrible que lastima en el corto y el largo plazo. Rompe el ánimo y crea el sentimiento de que México no es un país donde se respeten las leyes. 

Imaginemos a una familia de Guaymas que no tiene agua para los servicios básicos cuando la temperatura llega a 38 grados. Tan sólo pensar que en medio de la pandemia no hay los insumos necesarios para mantener a raya al virus, hace que hierva la sangre de coraje. Esos delitos pueden provocar enfrentamientos entre ciudadanos. Los camioneros varados; los ferrocarriles con semillas que se pudren al sol y el agua que no llega porque hay quienes se sienten con derecho de estropearlo todo. Eso calienta, como dicen en Palacio. 

La señal de cualquier gobierno que se respete a sí mismo, que acate la ley y no se acobarde, debe ser inmediata y contundente. Nadie en México debe estar por encima de los derechos de los demás. Nadie. 

O tal vez pese demasiado en la historia reciente el bloqueo de semanas al Paseo de la Reforma o la toma de pozos petroleros. Lo peor sería que la autoridad claudique en cada petición a cada demanda realizada por medio de la fuerza. El Presidente dice que hay mano negra de intereses políticos en esos bloqueos. No importa de dónde vengan ni quien los promueva, deben de resolverse por el diálogo o por la fuerza, potestad y obligación del Estado. 

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