Opinión

Con el Sínodo de la Amazonía

El Papa jesuita, el revolucionario por su estilo pobre de vivir, el atacado por los sectores ultra conservadores, el innovador, convocó a un Sínodo en Roma que plantea 2 asuntos claves en la vida de la iglesia católica.

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Por: José Luis Palacios Blanco*

El Papa jesuita, el revolucionario por su estilo pobre de vivir, el atacado por los sectores ultra conservadores, el innovador, convocó a un Sínodo en Roma que plantea 2 asuntos claves en la vida de la iglesia católica: nuestra postura frente a la catástrofe ambiental y la necesaria ordenación de sacerdotes que estén casados en esa zona del planeta, lo que provocaría darle la vuelta a la tradición centenaria del celibato. 

Esta semana el Papa Francisco abrió el Sínodo de obispos sobre la defensa de la Amazonía y sus habitantes, con una dura condena de los incendios y a los “nuevos colonialismos” entendidos como “querer sacar adelante solo las propias ideas, hacer el propio grupo, quemar lo diferente para uniformar todos y todo”. Participan más de 200 prelados entre obispos y cardenales, así como indígenas provenientes de la Amazonía. 

Esta reserva de la biósfera todavía la reserva mayor de masa forestal; Brasil, gobernado por un ultra derechista, ha desechado los reclamos internacionales después de ser azotada en agosto por los incendios forestales que provocaron una crisis internacional. Francisco es considerado el pontífice más sensible a los problemas ecológicos tras publicar en 2015 la encíclica ‘Laudato Sí’, y quiere movilizar y sensibilizar a los dirigentes del planeta sobre los grandes males de ese enorme territorio, con más de 30 millones de habitantes.

La Amazonía abarca nueve países de América del Sur, en ella residen más de 100 pueblos indígenas y es conocida por sus selvas tropicales ricas en biodiversidad. El Papa ha condenado la destrucción de la Amazonía y convoca a la humanidad a tomar acciones concretas para cuidar al planeta, pues detener la deforestación y la devastación de las comunidades indígenas, son los dos puntos de partida de los debates que se iniciaron ya en el Vaticano. Serán tres semanas, hasta el 27 de octubre, para las reuniones convocadas con el tema ‘Amazonía: nuevos caminos para la Iglesia y para una “ecología integral’, como la llama Francisco

La historia de lucha de la iglesia por cuidar el Amazonas y a los pueblos originarios es larga. Hélder Cámara y Pedro Casaldáliga han sido los obispos más visibles. Allí está la iglesia más viva de América Latina. Para el Sínodo miles de indígenas amazónicos fueron consultados sobre las principales amenazas que tienen sus comunidades, acechadas por la explotación del petróleo, el gas, la madera, el oro y el agotamiento de la tierra. Francisco busca una respuesta que llama la “ecología integral”, que considera “el clamor de la tierra y de los pobres”.

Sabemos que somos los seres humanos los responsables del agotamiento de los ecosistemas y que los grandes intereses económicos de los países industrializados y los consorcios transnacionales, son quienes provocan la mayor contaminación ambiental, pero al final, todos los consumidores somos los culpables por generan el mercado. Sí, nuestra “huella ecológica” es el indicador objetivo de la contaminación y que todos provocamos. 

Aunque los jóvenes salgan a las calles en todo el mundo a protestar, aunque las redes sociales se agiten con gestos de solidaridad, es sólo el cambio de patrones de consumo el que nos dará como resultado un planeta más sustentable. En México, los esquemas de compra de vestido, alimentos, vivienda, transporte, siguen siendo los tradicionales. Menos del 2% de la población en general y del 4% en los centros urbanos, tiene algún tipo de conducta sustentable al consumir más saludablemente, comprar menos plásticos, plantar más árboles, reciclar nuestros residuos, adquirir ecotecnologías, etc.

En eso, en los temas ambientales, el Papa tiene el apoyo de la iglesia universal, pero donde reacciona el conservadurismo contra Francisco, es en la posibilidad de ordenar a sacerdotes y sacerdotisas en las zonas indígenas del planeta, donde ya no existen sacerdotes católicos. Con la virtual desaparición de los seminarios en Europa, el mundo católico solo crece en Asia y en África. En la iglesia brasileña se requieren ministros de la fe, aunque estén casados. Veo inevitable para la sobrevivencia del catolicismo que la iglesia acepte esta realidad y rompa con una tradición, que, sin ser dogma de fe, ha mantenido por siglos.En México, ya se ha hecho realidad en las misiones indígenas de Chiapas al ordenar a diáconos. Como en tantos asuntos actuales, será la realidad la que haga reaccionar a la iglesia católica a que permita la ordenación de ministros casados.

* Director de la Universidad Meridiano

director@universidadmeridiano.edu.mx

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