Opinión

Crece el fenómeno Tesla

El mercado de valores de Nueva York explotó en euforia ayer por la mañana. Las acciones de Tesla, el fabricante de autos eléctricos, subían un 14% para tocar un techo de 1,794 dólares.

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Por: Enrique Gómez Orozco

El mercado de valores de Nueva York explotó en euforia ayer por la mañana. Las acciones de Tesla, el fabricante de autos eléctricos, subían un 14% para tocar un techo de 1,794 dólares. Una ganancia sorprendente después de multiplicar por ocho el valor que tenía hace menos de un año, en agosto. Al final de la jornada la ganancia disminuyó y quedó en 1,497 dólares. 

La empresa aún no tiene utilidades consistentes pero el mercado le da un valor de diez veces sus ventas anuales. Esa exuberante apreciación tiene que ver con el futuro. Parece increíble pero ayer llegó a valer más que la General Motors, la Ford, la Chrysler y la Toyota juntas. Incluso colocó la riqueza de Elon Musk, su principal accionista, por encima del famoso inversionista Warren Buffett. 

Pero el tema no es Wall Street, ni el ir y venir de las fortunas amasadas a través de firmas tecnológicas, el asunto es hacia dónde va el mundo y hacia dónde se dirige México. Si las grandes armadoras de autos establecidas en Norteamérica (Guanajuato incluido) ven que Tesla, su joven competidor eléctrico es más apreciado por los inversionistas que sus contaminantes autos de combustión interna, pronto acelerarán el paso para también ser eléctricos. 

La Honda anuncia que en Inglaterra para el año 2022 sólo venderá autos eléctricos e híbridos. La Volkswagen, que compite con Toyota por ser la mayor productora de autos del mundo, proyecta relanzar su vehículo Golf como el eléctrico más vendido. Si bien Tesla lleva una ventaja tecnológica considerable, los demás fabricantes no están mancos. En China hay 400 productores de vehículos eléctricos, desde la poderosa BYD, hasta pequeños talleres que entran al mercado todos los años. 

La pandemia da empuje a los movimientos ambientalistas y las propias petroleras entienden que su futuro ya no depende sólo de los hidrocarburos. La francesa Total, se alista a instalar miles de “gasoléctricas” o gasolineras con servicio dual. Igual llenarán los tanques que cargarán las baterías. 

Mientras todo eso sucede, en México el Presidente sigue pensando que el futuro del país está en el “rescate de la soberanía energética” con Pemex y la CFE. Cualquier gobierno racional y patriota estaría planeando cómo desincorporar (vender) los fierros viejos de las refinerías y las termoeléctricas de combustóleo que tanto contaminan. Además hacen lo irracional: vender acero nuevo de Texcoco como fierro viejo para Santa Lucía. 

Si insisten en resolver la quiebra eventual de Pemex, absorberán buena parte del presupuesto y sólo veremos el hundimiento de la paraestatal en cámara lenta. Para el año que viene, con la nueva legislatura —si no es que en este mismo año— tendrán que cambiar la política fiscal con nuevos impuestos. 

Si nos parece lejano el día en que tengamos que pagar el 20 o 25% de IVA o el 45 o 50 % de ISR, debemos hacer cuentas. Con poquitas sumas y restas, veremos el tamaño del hoyo en el presupuesto (un 10% del PIB).  Con eso entenderemos que por más computadoras y aguinaldos que les quiten a los burócratas y menos dinero den a la salud, no ajustará para sostener las pensiones y los elefantes blancos que alimenta la administración de López Obrador. 

Una cualidad de los autos eléctricos es que aceleran de inmediato. Esa aceleración se transmite ya a los mercados de vehículos, donde todos quieren un pedazo del pastel. ¿Qué hacemos obsesionados con el petróleo y las refinerías?

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