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Crónica de muertes anunciadas

En mis 41 años de médico nunca había visto una crisis del sector salud de esta magnitud, tanta maleficencia e incompetencia anunciadas como beneficencias por supuestamente luchar contra la corrupción, que augura en los mexicanos una crónica de muertes anunciadas.

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Por: Dr. Éctor Jaime Ramírez Barba

En mis 41 años de médico nunca había visto una crisis del sector salud de esta magnitud, tanta maleficencia e incompetencia anunciadas como beneficencias por supuestamente luchar contra la corrupción, que augura en los mexicanos una crónica de muertes anunciadas.

Javier Potes acaba de relatar una escena que describe de cuerpo completo tan solo el fenómeno de lo que ya está ocurriendo, y que tituló ‘La lista de Schlinder en los hospitales de México’; utilizando la voz de Jorge, cardiólogo de 34 años que trabaja en el Instituto Nacional de Cardiología, uno de los trece institutos nacionales de alta especialidad que dependen de la secretaría de salud (así, con minúsculas) y que como le mencionó este escribidor en columnas pasadas, están al borde del colapso por la reducción de todo tipo de recursos.
Jorge el cardiólogo trabaja en la evaluación de pacientes con problemas cardiacos y es uno de los responsables de programar los procedimientos para la colocación de “stents”, que debidamente puestos dan años con calidad de vida a cientos de pacientes. Jorge no es un médico-técnico que ve folios; él atiende vidas, familias, sueños y esperanzas en cada uno de ellos, por eso no es de extrañar que esté buscando soluciones más allá de sus responsabilidades. 

Jorge le dijo “Tengo la lista de Schindler”, así le llaman en el Instituto Nacional de Cardiología a una lista de más de 300 pacientes que podrían morir si no son atendidos antes de un año. Estar en esa lista te puede salvar la vida, no estarlo es impensable. De esa lista algunos ya son urgentes, otros -sin saberlo- se jugarán su suerte esperando llegar vivos cuando haya posibilidad de atenderlos en seis u ocho meses o nunca. Pero las probabilidades de que hoy lleguen a ser atendidos son pocas, no hay dinero para nada… la solución del gobierno para disminuir los costos de atención es dejarlos morir, sin importar que los estemos privando de diez o quince años más de vida, algo tenemos que hacer”. 

Otro caso que relata Javier es el de Esteban, director de un hospital público que tiene 300 camas, hoy están ocupadas menos de cien. No se debe a que no haya pacientes, la demanda de servicios lo rebasa. Hace todavía cuatro meses era imposible pensar en un día con menos de 300 pacientes hospitalizados.

Hoy no les dan acceso a los pacientes, tiene que priorizar porque los medicamentos son escasos y no alcanzan para todos. Niños, mujeres embarazadas, personas mayores, pero no muy grandes. La frustración de Esteban se refleja en sus palabras: “siempre hemos tenido carencias, pero de alguna u otra forma hacíamos nuestro trabajo. Poníamos pacientes en los pasillos, les pedíamos apoyo a médicos y enfermeras para que extendieran su horario. Estábamos mal, pero atendíamos; ya no, nos pusieron horarios de atención, nos limitaron el número de pacientes a recibir. Si no atiendes, no gastas. Ayer nos pidieron que redujéramos 20 por ciento la plantilla del personal, apenas un día después de que el presidente López Obrador en sus mañaneras anunció que no habría recortes.”

Potes, quien es experto en calidad y administración de la salud concluye que los recortes en salud afectan el bolsillo de las personas y cambian su estilo de vida, pero más que eso, los recortes en salud matan o dejan a las personas con grandes discapacidades para vivir con dignidad. Niños que no recibirán vacunas, pacientes con enfermedades crónicas que no recibirán su tratamiento y hasta padecimientos menores que no deberían ser un problema, como apendicitis y urgencias leves, que se han convertido hoy en situaciones mortales por carencias básicas de suturas, anestesias y antibióticos.

Recalca Javier que el gobierno sabe que no hay un “indicador de los pacientes que murieron y no debieron morir”, pero miles fallecerán en sus casas o en alguna sala de urgencia saturada. La causa de muerte será SIDA, insuficiencia renal, infarto al miocardio. En ninguna acta de defunción aparecerá “Ineficiencia del sistema de salud” o “Murió 10 años antes para que el país pudiera construir un tren” No, serán muertos invisibles en estadísticas clínicas que hablarán del mal trabajo de prevención de gobiernos anteriores y nunca de la responsabilidad del actual por malévolos e incompetentes para atenderlos.

Esta semana exhortamos en el grupo parlamentario del PAN en el Congreso de la Unión a que la Secretaria de Salud Federal informe a la opinión pública sobre las 306 obras de infraestructura inconclusa en todo el país, y explique el motivo de cancelación de 180 hospitales y unidades médicas; así como que se abstenga de ejecutar medidas de austeridad que reduzcan la inversión de mantenimiento, desarrollo de infraestructura y equipamiento en salud durante el sexenio.

También el miércoles pasado se aprobó por unanimidad un exhorto a la Secretaría de Salud para que fortaleza las campañas, acciones y programas en materia de prevención de infecciones nosocomiales, que usted estimado lector debe saber, causa muchas muertes prematuras por infecciones adquiridas en los hospitales y que no tenía el paciente al ingresar al hospital. La falta de recursos y medicamentos hará que también se sumen estas muertes a la crónica citada en el título. Les actualizo: esta semana sigue sin haber siquiera la licitación, menos los medicamentos. Lleva cuatro mañaneras emergentes para “explicar porque no hay” en temas de salud, ninguno resuelto.

Agradezco al periódico am me haya permitido la inusual extensión de esta columna, haciendo un llamado a la sociedad, los organismos civiles y los profesionales de la salud a que tomemos más acción. Evitemos tener un Holocausto en salud.

Fuente: https://vertebrales.com/la-lista-de-schindler-en-los-hospitales-de-mexico/

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