Opinión

Cuando las cuentas no dan

Primero fue mi concuña, luego dos sobrinos; siguieron tres más. Un primo hermano falleció. La cuenta de infectados en la familia política siguió.

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Por: Enrique Gómez Orozco

Primero fue mi concuña, luego dos sobrinos; siguieron tres más. Un primo hermano falleció. La cuenta de infectados en la familia política siguió. Somos 103 miembros y 12 infecciones. Casi el 12% tuvieron Covid detectado.

Si vemos las estadísticas nacionales hasta el sábado había registrados 880 mil contagios. Apenas un 0.7% de la población de 127 millones. Cuente a los integrantes de su familia extendida a primos, parientes políticos y sobrinos. Seguro encontrará muchos más contagios que ese 0.7% reportado por la Secretaría de Salud.

El proyecto Centinela falló al Gobierno y al Dr. Hugo López Gatell, no porque las matemáticas y en particular la probabilidad y estadística se hayan planteado mal. El modelo falló porque en lugar de pruebas, pruebas y más pruebas para detectar contagios y lograr un “cortocircuito” en la epidemia, quisieron gobernar una curva a través de información falsa, o por lo menos, inexacta.

Además la coordinación entre instituciones de salud, el Gobierno federal y los estados fue un desastre. El “palo de ciego” que le entregó la senadora Lily Téllez a López Gatell tiene sentido. Imaginaron una mortandad de 6 mil y una catástrofe en 60 mil. El próximo mes llegaremos a 100 mil muertes registradas aunque todo mundo sospecha que pueden ser el doble o el triple. Lo que vemos es distinto a lo que nos platicaron hace 5 meses.

Digamos que la tasa de infección nacional no alcanza el 12%. Supongamos que es la mitad. Si hay un 6% de mexicanos infectados (muchos ni cuenta se dieron), quiere decir que a unos 7 millones los atacó el virus.

Mirar a nuestro alrededor y hacer cuentas entre familiares y amigos nos da una idea del tamaño de la epidemia, ni qué decir de los legisladores. Además nadie sabe cuánto tardaremos en parar la “catástrofe” porque no hay una ley que obligue a todos a llevar cubrebocas. En Suiza, por ejemplo, implantaron una ley universal. Nadie puede estar en un lugar público sin cubrirse. Aquí López Gatell actuó como el peor neoliberal al decir que se lastimaban los “derechos humanos” si se imponía la norma. Todo por defender malos ejemplos.

Ahora comprendemos que el derecho humano reside en que ninguna otra persona te suelte un spray de virus porque no le da la gana taparse. La civilización de Oriente y los países nórdicos son muestra de lo que debemos hacer. Ni siquiera se trata de países ricos o pobres: es disciplina ante el enemigo común.

Las últimas noticias de Estados Unidos son tétricas. Llegarán al Halloween con récord de infecciones,  superaron las 83 mil en 24 horas y llegaron a 225 mil defunciones. A Donald Trump le va a costar la reelección y al Partido Republicano el poder. La negación, el machismo, la ignorancia y el engaño son muy parecidos a lo que ocurrió y sucede en México.

La negación populista de la pandemia y sus consecuencias hará despertar a las mayorías en la próxima elección en Estados Unidos. Si en México repuntan los contagios por la apertura atropellada, también habrá consecuencias políticas. Tan sólo ver la cultura sanitaria en el Senado da espanto. Ahí, la tasa de contagio y mortalidad supera con mucho la media nacional. Se encerraron a destruir los fideicomisos y falleció el senador Joel Medina. A esto todavía le falta mucha cola. 

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