Opinión

¿Cuánto vale México?

Vale el  patrimonio de los mexicanos en infraestructura de comunicaciones, salubridad, urbanización, escuelas y activos de empresas y Gobierno.

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Por: Enrique Gómez Orozco

¿Cuánto vale México?

¿Cuánto vale México?

Pongamos el tema de la emergencia económica con un ejemplo que cualquiera puede comprender. Si alguien tiene un hijo enfermo de gravedad y su vida depende de atención hospitalaria y no tiene el dinero para atenderlo, estaría dispuesto a empeñar la casa, el auto o el trabajo futuro a cambio de que recupere su salud. Así de sencillo. 

El padre va con el gerente del hospital y firma un documento o acude a un prestamista y le entrega las escrituras de la casa. Qué mejor si puede echar mano de la tarjeta de crédito. 

Pero qué tal si el padre le dice a la madre: “mira, prometí nunca endeudarme y no lo voy a hacer porque eso es una idea neoliberal como las de antes”. Mientras eso sucede la madre se jala el cabello y no puede creer la actitud mezquina del esposo porque el niño o el familiar morirá. 

Hoy, México está enfermo de Covid-19 y las familias tienen que encerrarse. Pero eso significa el paro de cientos de miles de pequeñas, medianas y grandes empresas que no producirán durante el paso de la epidemia. Lo mismo sucederá con todos los trabajadores independientes, con los empleados de la industria turística y hasta con quienes laboran en hogares. 

El miedo envuelve a empresarios y trabajadores. Ese miedo que los economistas llaman fenómeno de “frugalidad”. Si todos dejan de gastar por temor a quedarse sin una reserva, la economía se ahoga. El consumo se desploma y todo se convierte en un circulo vicioso: menos demanda, menos producción, menos empleo…

Para romper esa destrucción que puede convertirse en una Gran Depresión, el Gobierno tiene que pedir prestado. ¿A quién? Al futuro. Los economistas le llaman sacar la bazuca o el cañón grande del dinero. ¿Cómo? Abriendo la llave del crédito garantizando liquidez a quien la necesite y entregando dinero a los desempleados. De hecho el PAN propuso un ingreso garantizado de un salario mínimo para quienes pierdan su trabajo. El gran presidente Ernesto Zedillo resolvió la quiebra de la banca con el Fobaproa. Millones no perdieron sus ahorros gracias a ese proyecto que se pagó en poco tiempo. En lugar de perder el 30 por ciento del PIB, sólo fue un 7 por ciento en 1995 y en 1996 crecíamos de nuevo.

El plan técnico, ya lo habíamos comentado; lo presentó hace unos días Santiago Levy, ex subsecretario de Hacienda en la revista Nexos.

Tomemos otro ejemplo sencillo. ¿Cuánto valen las líneas aéreas sanas como Aeroméxico o Volaris?¿Cuánto valen los hoteles y restaurantes que hoy están parados en todo el país? No lo sé, pero seguramente cientos de miles de millones o billones de pesos. Si llegaran a quebrar por falta de liquidez perderían su empleo (algunos ya lo perdieron) millones de mexicanos. En peligro estará no sólo el sufrimiento económico sino la paz social. Un crédito de 3 o 4 meses de sus ingresos garantizados a la mitad por el Gobierno y la mitad por sus activos haría una gran diferencia.

Por eso tal vez Marcelo Ebrard, quien debe tener una cultura económica amplia y buenos asesores, le susurre al oído a Andrés Manuel López Obrador: si se hunden las empresas se hunde México. Señor Presidente, se hunde usted, se hunde Morena y la 4T. 

¿Cuánto vale México? Aunque nos parezca una pregunta extraña, tiene una respuesta. Vale el  patrimonio de los mexicanos en infraestructura de comunicaciones, salubridad, urbanización, escuelas y activos de empresas y Gobierno.

Vale el equivalente a dos millones de pesos por habitante (80 mil dólares) en cifras aproximadas. El mínimo sería de 240 billones o millones de millones. Equivalente a 10 años del PIB.

Para rescatar a México durante tres meses de complicaciones se necesitan 2 o 3 billones. Quitémosle ceros y convirtamos un billón en un peso. México debe 10 pesos pero su patrimonio es de 240 pesos. Si no pedimos esos dos o tres pesos que necesitamos para sanar, perderíamos 20 o 30 pesos y lo más preciado, la paz social y el futuro de una generación.

Eso no lo veía el Presidente hace unos días cuando dijo que el Covid-19 le venía a su proyecto “como anillo al dedo”. La respuesta correcta es que puede convertirse en un ataúd político para su partido y para Marcelo Ebrard, quien aspira a sucederlo.

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