Opinión

Cubrebocas, una buena campaña.

Ninguna campaña puede salvar tantas vidas y evitar problemas a la salud pública como el uso universal de cubrebocas.

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Por: Enrique Gómez Orozco

Ninguna campaña puede salvar tantas vidas y evitar problemas a la salud pública como el uso universal de cubrebocas. En Suiza y en Rusia, dos países con sistemas políticos distintos, decretaron el uso obligatorio del protector. En Suiza el ciudadano se enfrenta a una multa y alguna reprensión civilizada, en Rusia enfrentarían el rostro rudo de Vladimir Putin y la recia policía moscovita. 

¿Recuerda usted la golpiza que le pusieron a una aficionada argentina que brincaba sobre los autos durante el mundial? Ahí no se andan con miramientos. Les valió que fuera mujer, extranjera y que tal vez estuviera embriagada. La tundió un policía dos veces. Nadie lo acusó con los “derechos humanos” ni lo procesaron por misógino. Es una narración de hechos, jamás estaré de acuerdo en el mal trato policial y menos a una mujer. 

Aquí Hugo López Gatell sigue en la negación, cumpliendo con la política y no con la ciencia. Una tragedia ante el repunte o la segunda ola de infección. El “científico” no reconoce un hecho descubierto hace un siglo: taparse el rostro ayuda a evitar la dispersión en aerosoles del Covid. Ayuda a no recibirlos también. 

Los cubrebocas, que costaban una fortuna cuando inició la pandemia, son baratos y más si se compran por miles o millones. Bien harían los alcaldes en entregar a los transeúntes descubiertos un buen protector. Sería una campaña hermosa y poco cara. Los policías y tránsitos, en lugar de arrestar o multar, pueden ofrecer con cortesía la protección. Hasta un logotipo del municipio se puede imprimir, tal como lo hicieron en el gobierno del estado, de color azul y muy bien hecho. 

Esa protección universal se pagaría sola, tan solo con la disminución de hospitalizaciones. Luego se puede acompañar con una campaña en todos los medios de difusión. Algo distintivo de una sociedad civilizada donde todos nos protegemos, donde no hay la mezquindad de estar descubierto frente a los demás. Tal como se hace en Japón, Vietnam, Singapur y en general en Asia. 

Estoy seguro de que muchas empresas estarían dispuestas a patrocinar los cubrebocas y parte de la campaña. En la compra masiva de protectores bajaría el costo de adquisición. Otra cosa que se puede hacer es entregar su fabricación a talleres locales para incentivar la contratación de personal. 

El martes se reportaron 499 infectados y  27  fallecimientos. El repunte es visible. Podría lograrse un “cortocircuito” para el enemigo que no vemos, que sólo imaginamos con su superficie coronada. Hay muchos creativos de la propaganda y la publicidad que estarían dispuestos a participar en el proyecto. Ante la adversidad siempre hay personas solidarias. 

Ahora que hay escaramuzas verbales de “secesión” por el mal trato que nos da la Federación a los estados, el Bajío podría emprender una campaña de salud distinta. Hacen falta batallas comunes, propósitos que nos unan. Vemos con tristeza que la división y el enfrentamiento prevalecen en una hora oscura. Pandemia de salud, crisis económica, crisis en la educación y crisis política pueden derivar en algo que nunca quisiéramos ver: desavenencia social. Quienes queremos a nuestro México y al prójimo, podemos y debemos llevar cubrebocas. Hay que hacer una campaña permanente para cambiar nuestros hábitos y nuestra cultura. Podemos comenzar por lo local. 

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