Opinión

Darse cuerda solo

Y es que cuando uno está encabritado es retefácil darse cuerda solito. El enojo crece y crece como bola de nieve. Ira alimenta ira. Un disgusto bien administrado es positivo. Es una forma de sacar presión de una olla exprés. Al expresarla se libera. Pero siempre y cuando después se reflexione y se haga una introspección.

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Por: Jorge A. Meléndez Ruiz

Me molesta mucho que no entiendan: Fulanito es un pentonto. ¿Por qué sigue aquí?”.

Así me contó un conocido que le dijo a su equipo hace unos años un director de una gran empresa pública.

Algo en realidad muy común. Éste es el escenario inicial típico:

1. Hay una molestia, un enojo.

2. El que lo sufre es un líder poderoso.

3. Por lo general (no siempre) es alguien también exitoso.

Así inicia... ¡y de ahí pa'l real!

Y es que cuando uno está encabritado es retefácil darse cuerda solito. El enojo crece y crece como bola de nieve. Ira alimenta ira.

Un disgusto bien administrado es positivo. Es una forma de sacar presión de una olla exprés. Al expresarla se libera. Pero siempre y cuando después se reflexione y se haga una introspección.

Quizá la afrenta no sea tan grave. Quizá Fulanito no es tan imbécil y es un problema de ajuste fino. Hombre, a lo mejor el jefazo está mal. Sí, los grandes líderes exitosos también pueden equivocarse.

La bronca es que esta autocuerda fácilmente puede resultar en muy malas decisiones. O, peor, en una organización colérica. Porque está científicamente comprobado: las emociones son contagiosas.

Tenemos células en el cerebro que empatan precisamente lo que experimenta otra persona. Un puente emocional cerebro a cerebro. Por eso las emociones son contagiosas”, explica el autor Daniel Goleman en una fascinante conferencia (vela en nuestros sitios).

¿Bosteza alguien a tu alrededor? Alrato tú también. ¿Ves cómo alguien se tropieza y se pega un golpazo? Seguro te estremeces.

¿Por qué? Por lo que la ciencia llama neuronas espejo.

Científicos italianos las descubrieron a principios de los 90s al estudiar cerebros de monos macaco”, señala un artículo de la Asociación Americana de Sicología (AAS).

Aunque no se han identificado aún en humanos, sí se han detectado mecanismos espejo en reflejos y emociones.

Y estos sistemas de mímica operan de forma muy lógica en una organización: a través del líder. Porque un líder pesa. Y mucho.

Las personas ponen más atención y le dan más importancia a lo que dice y hace la persona más poderosa en un grupo”, explica Goleman.

¡Claro! Y un líder gritón pasará sus rasgos a su equipo.

Y una organización colérica nunca tendrá el debate constructivo necesario para triunfar en el mundo ultracompetitivo. Las buenas ideas dejarán su lugar a los gritos y sombrerazos.

¿Qué hacer? Híjole, no hay respuesta fácil. Si la mecha ya se prendió, apagarla es bien difícil. ¡Y te lo digo con conocimiento de causa! La clave es, pues, que no se prenda.

El consultor y autor Peter Bregman señala en el HBR que existen 2 respuestas típicas a las emociones: reprimirlas y dejarse llevar por ellas. Ambas son malas: la primera acumula estrés que nos hace explotar después y la segunda lleva a una montaña rusa poco efectiva.

Bregman sugiere una tercera vía con 2 pasos: sentir la emoción totalmente y después tomar una decisión estratégica de qué hacer al respecto. Para lograrlo, recomienda meditar (relee “Mente sana”). Así, “no se olvida la emoción, pero se usa de forma inteligente”.

Por su parte, la AAS da 7 consejos para manejar un enojo:

1. Relajación. El típico “respira profundo”.

2. Reestructura cognitiva. Cambiar hábitos: analizar cómo actúas al enojarte. ¿Dices maldiciones? Evítalas. Te pones violento: tratar de controlarse. Hacerlo antes de explotar.

3. Resolver el problema. A veces el enojo viene de nuestras acciones. Ver causa raíz y hacer un plan. Avance gradual.

4. Mejorar la comunicación. Pensar antes de responder. Escuchar lo que se dice. Evitar posiciones defensivas.

5. Contarse un chiste. Buscar no tomar todo tan en serio.

6. Cambiar el escenario.

7. Evitar la mecha.

Excelentes recomendaciones. Para mí el autoanálisis es clave. Cada quien conoce las cosas, situaciones y personas que nos hacen enojar. También sabemos qué días “nos levantamos de malas”.

Haz un ejercicio: analiza y escribe tus “mechas”. Y luego no les acerques un cerillo. Porque eso de darse cuerda solo pocas veces da resultados positivos, ¿no crees?

En pocas palabras...

El enojo es un ácido que daña más al que lo guarda que al que lo recibe”.

Mark Twain

benchmark@elnorte.com

Twitter: @jorgemelendez

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