Delirios de héroe patrio

No sé qué sea peor, un presidente que solapa la corrupción o un presidente que tiene sed de cambiar la historia.

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Por: Luis Cárdenas

No hay futuro en el pasado".

No sé qué sea peor, un presidente que solapa la corrupción o un presidente que tiene sed de cambiar la historia.

El primero puede castigarse, las redes de corrupción se desmantelan y el estropicio provocado podría terminar por generar instituciones y blindajes contra los bandidos del poder.

El segundo no puede castigarse, todos tienen el legítimo derecho de sentirse la última coca cola del desierto y pensar que su mandato será el que cambie la historia del país o, en los peores delirios, del mundo entero.

López Obrador no es un hombre malo, nuestro presidente no es corrupto aunque esté rodeado de corruptos, sin embargo, para desgracia nacional, nuestro presidente sí que tiene delirios de héroe patrio, siente que su mandato dará un giro, para bien, a la historia de la nación.

Hoy día, ser presidente es más un asunto de alto nivel técnico que de altos vuelos ideológicos, aunque López Obrador desprecia la técnica, el conocimiento y la ciencia, existen múltiples evidencias en el mundo de cuáles son los procesos de desarrollo para una nación, al menos bajo el sistema capitalista. Nadie inventa el hilo negro por estos días.

La cosa, evidentemente, no es sencilla, de entrada no es algo que cambie en un poco tiempo pero, de manera frívola, con múltiples matices y complejidades, la idea es generar más riqueza y luego aprovechar esa riqueza para generar bienestar.

Entendamos que la riqueza no es generada por las naciones tanto como por sus ciudadanos: desde el multimillonario que invierte cantidades brutales de capital hasta el trabajador más humilde que genera ganancias para su sociedad.

El Estado, en teoría, debería regular y apartar sus narices de lo que no sabe. El Estado, en teoría, debería garantizar seguridad en todo sentido y propiciar el bienestar de su población. El Estado no debería estorbar.

Sin embargo, el proceso de desarrollo trae consecuencias nefastas que pueden y deben corregirse, por ejemplo la corrupción o, peor aún, la desigualdad que en la mayoría de los casos es parida por esa misma corrupción.

El tema puede ser apasionante para quienes gustan de la técnica pero, en realidad, es muy aburrido para el gran público, ¿quién desea pasar su tiempo analizando indicadores y vasos comunicantes de la economía como desea ver un partido de fútbol?

Esa desigualdad ha dado pie al movimiento populista global donde un puñado de ignaros muy pasionales se aprovechan de la miseria para encumbrarse en el poder y terminar de joder a sus naciones. Nuestro presidente es miembro honorario de ese clan.

López Obrador piensa que pasará a la historia como un gran reformador, imagina que será venerado como Benito Juárez o como Madero, para él los números son aburridos y la pasión es lo único que cuenta.

Por desgracia, probado está, se equivoca y la consecuencia no la pagará él ni sus abyectos de Palacio. O, quizá no sea así y nuestro presidente descubra el hilo negro que se convierta en ejemplo para el mundo. Ya veremos.

De Colofón 

Una alianza hecha trizas. Encuestas que marcan al oficialismo en franca subida. Esto de la destrucción del México de instituciones apenas empieza.

@LuisCardenasMX

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