Dinero sagrado (Primera parte)

Cuando escuchaba a los idealistas de Acción Nacional pensaba que sus promesas de esforzarse por erradicar la corrupción eran serias. Largo platiqué con Carlos Castillo Peraza y Manuel Clouthier sobre el tema.

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Por: Enrique Gómez Orozco

Cuando escuchaba a los idealistas de Acción Nacional pensaba que sus promesas de esforzarse por erradicar la corrupción eran serias. Largo platiqué con Carlos Castillo Peraza y Manuel Clouthier sobre el tema. Todo parecía que, de llegar al poder, transformarían a México sin odio y sin violencia. Sin corrupción. No fue así.

En Guanajuato, los tres primeros sexenios de gobiernos del PAN, fueron serios y recatados aunque nunca establecieron las bases para tener instituciones sólidas y de buena técnica para evitar el saqueo. Carlos Medina, Vicente Fox y Juan Carlos Romero eran pulcros y tuvieron gente decente, pero todo se fue por la borda en el sexenio de Juan Manuel Oliva. Las compras de terrenos, los contratos amañados y un dispendio nunca visto ensució al Gobierno.

Recuerdo un día que Ernesto Cordero, aspirante a candidato presidencial, tenía una cita en AM a desayunar. Él había sido Secretario de Hacienda y sabía de números. Teníamos todo preparado para mostrarle la corrupción del PAN en Guanajuato. Oliva le pidió que no acudiera. Fue cómplice por silencio. Felipe Calderón sabía lo que sucedía en nuestro estado y jamás movió un dedo para evitarlo. Nunca tuvo la voluntad de transformar de verdad al país. Muchos gobernadores durante los dos sexenios de Acción Nacional se enriquecieron como nunca.

La cima de la corrupción llegó cuando vimos a panistas recibir paquetes de dinero proveniente de Pemex y cuando pedían moches por “bajar” recursos de la federación. Las corruptelas de ese sexenio siguen ahí: terrenos de un tren interurbano que fue una fantasía, 900 hectáreas que costaron 200 millones de dólares para una supuesta refinería con el engaño de una empresa falsa llamada “Pastas Finas” y un sinfín de compras infladas, contratos oscuros y la súbita riqueza del gobernante. Tan poco escrúpulo tuvo Juan Manuel Oliva que se dejó hacer dos casas en el fraccionamiento Punta del Este a cambio de favores otorgados en compras infladas.

Nadie del PAN dijo nada.

Vino el sexenio de Miguel Márquez acompañado de un compadre que prosperó sin límites. Penthouses en Vallarta, casas en Estados Unidos y propiedades al por mayor en Irapuato. Compraba mansiones a precios ridículos bajo sospecha de lavar millones. Una casa cuyo avalúo podría ser de 27 millones fue escriturada al compadre en 7 millones. Todos en el Gobierno sabían que era el gestor de compras y ventas.

Ahora resucita una empresa proveedora de esa época que tiene toda la pinta de ser fachada de algún traficante de influencias. Ditecma, la proveedora del contrato más grande del sexenio, la que surtirá 100 mil computadoras laptop sale a la luz pública sin mostrar oficinas, dueños y funcionarios en concordancia con la cantidad del contrato (900 millones de pesos). El concurso se anunció en septiembre en un pequeño anuncio publicado en El Correo. En un tris lo otorgaron. Cuando nos dimos cuenta todo estaba ya fraguado. El traje hecho para quien había surtido las tabletas del sexenio pasado.

Nadie en el PAN dice nada.

Hoy se quejan de la administración de López Obrador, de todo lo negativo que ha traído al país el populismo. El PAN y el PRI sembraron y abonaron su triunfo. Del PRI no tendríamos porqué sorprendernos, su estilo de gobernar era el uso indiscriminado de los fondos públicos para campañas y el enriquecimiento de sus funcionarios, ya fueran gobernadores, senadores, diputados o administradores. Lo triste es el PAN, ese partido que era de hombres idealistas, limpios y un tanto soñadores. ¿Dónde dejaron su alma?, ¿a quién la vendieron?,  ¿Por qué traicionaron sus principios?

(Continuará)

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