Disiento Sr. Obispo

No tengo el gusto de conocer al Obispo de Celaya, Don Víctor Aguilar Ledesma, pero me permito disentir de su afirmación de que todos somos pecadores y menos asumir que quienes mueren son pecadores, lo que no le consta.

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Por: Santiago Heyser Beltrán

No tengo el gusto de conocer al Obispo de Celaya, Don Víctor Aguilar Ledesma, pero me permito disentir de su afirmación de que todos somos pecadores y menos asumir que quienes mueren son pecadores, lo que no le consta.

Lo sé, de entrada se argumentaría que al negar que todos somos pecadores, peco de soberbia; pero no es así, no hablo por mí, que como diría Felipe Calderón, el presidente del narco gobierno en contubernio con Genaro García Luna, que afirmaba: soy pecador estándar… No, no creo que Felipe sea pecador estándar, en mi opinión creo que simplemente es un criminal traidor a México que debería estar en la cárcel, pero, como diría mi abuela, eso son otros López. ¡Sí!, mi abuela se apellidaba López, pero no era de los López de la 4aT que la verdad dan vergüenza, por eso con el ingenio que le caracterizó, a la pregunta: ¿son parientes?, ella respondía: Esos son otros López…

Regresando al tema, durante mi estancia en Celaya he perdido buenos amigos y a mi madre, que se fue en el 2014, en el 2017 falleció mi amigo y exjefe en el banco Agropecuario de Jalisco: Antonio Chaurand Yepez, también se adelantaron Pedro Montellano y Coco, su compañera de vida, ambos amigos fuente de alegría en nuestras reuniones mensuales, en el 2021 Rafa Salas, entrañable bohemio, buen amigo y compañero de aventuras musicales nos dejó y como no recordar el siempre sonriente y trabajador Andrés Malagón, empresario innovador y emprendedor con una linda familia, que se nos fue en un accidente de moto, y finalmente, en el 2022 se nos acaba de adelantar un gran celayense, Gustavo Rébora González; si pudiera definir un común denominador de quienes hoy están ausentes y extraño, es que fueron excelentes personas que aportaron a sus familias y a la sociedad, personas cuyas vidas fueron nutritivas y cada uno en su forma, ejemplares, es por eso que me incomoda que siguiendo el estribillo “comercial” de la Iglesia, en sus misa de despedida se les catalogue como “pecadores” por los que hay que rezar para que Dios perdone sus pecados y los lleve a la “Vida Eterna”.. ¡No!, no creo que debamos rezar para que les perdonen sus pecados que de hecho, de antemano les fueron perdonados en confesión y adicionalmente con el sacrificio de Jesucristo el hijo de Dios; pero menos, debemos referirnos a ellos como pecadores, asunto que no le consta al Sr. Obispo… y en México, es ley la presunción de inocencia, por lo que, para mí, Antonio, Pedro, Coco, Rafa, Andrés y Gustavo, fueron mis amigos y excelentes personas que ya están al lado del Señor, y a los que llamar pecadores, delante de sus familias y amigos, es una falta de sensibilidad y de respeto, además de una mentira… ¡Así de sencillo!

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Un saludo, una reflexión.

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