Opinión

Don Roberto (Tercera parte)

En vida consultamos a las personas que nos enseñaron a trabajar, a decidir y a aprender.

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Por: Enrique Gómez Orozco

En vida consultamos a las personas que nos enseñaron a trabajar, a decidir y a aprender. Descubro que cuando ya no están aquí, les seguimos preguntando. Por la mañana y antes de que salga el sol extiendo un cuaderno de páginas tersas y con una pluma fuente escribo desde el subconsciente. Pregunto y hay respuestas. Es una fórmula mágica. 

No es la práctica del espiritismo charlatán, ni siquiera la creencia de que nos podamos comunicar con los difuntos. Los recuerdos y años de charlas cotidianas nos devuelven las consideraciones y enseñanzas que nos dieron en vida los mayores. Funciona con padres y amigos. Basta intentarlo y los resultados sorprenden. 

Las tertulias sobre política con mi padre, Ernesto Gómez Hernández; Don Roberto Suárez Nieto y José Luis Rodríguez, el “Güero”, eran interminables. Solíamos componer el mundo y en particular Guanajuato. Pregunto: ¿Qué harían si gobernaran hoy? ¿Qué haría Don Roberto? Las respuestas fluyen alrededor de la seguridad, la economía y la organización del Estado. 

La obsesión en la unidad de mando la tenía muy clara. Como decía Juan José Torres Landa: “Aquí sólo hay un vivo y un tonto”. Si las cosas se dan bien, el gobernador es el vivo; los errores, por tanto también son de él. Hoy se reparten culpas y lamentos como estampitas. La tragedia de la criminalidad y la inseguridad no son “responsabilidad del fiscal”, ya lo dijo Carlos Zamarripa. Tampoco del Secretario de Seguridad o de los alcaldes. 

Carlos Medina supo del orden en el Gobierno por el buen consejo de Don Roberto quien más de una vez lo rescató de embrollos que le organizaba su procurador Juan Miguel Alcántara, o los jefes de su partido. Hoy Don Roberto Suárez haría lo que le gustaba: poner orden en el caos. Delegar responsabilidades y exigir resultados. Una meta precisa para regresar la paz, en cantidad y en calidad. Con mano firme, incluso elevando las cejas y apretando los labios, extendería su puño sobre la mesa para recalcar su determinación. “Bajaremos a menos de 10 homicidios en promedio en 60 días y para fin de año tendremos que estar en 6 o menos”. “¡Fiscal, haga un plan y preséntelo como compromiso al Congreso!”.

Eso lo diría frente al líder de la mayoría de la Cámara de Diputados y legisladores de la oposición. Porque una cosa es que el fiscal sea autónomo y otra que actúe como soberano después de 11 largos años. Ya vimos a nuestros representantes, alejados de su deber, darle la “suave” al funcionario, no sabemos si por abyección o por terror. 

En lo económico las metas serían también claras y puntuales. Siempre funciona que los datos sean reales. La simplificación de los trámites y la modernización del servicio al público llegaría a todos los rincones de la administración. Un ejemplo: a Don Roberto le tocó enderezar el ISSEG que a principios de los 90 estaba administrado para robar. 

Invitó a su buen amigo Francisco Herrera para remediar los desfalcos. En poco tiempo el déficit se convirtió en superávit.

Guanajuato puede y debe ser ejemplo institucional. El partido en el poder no ha cumplido con sus promesas de subsidiariedad y cultura democrática. Tampoco ha luchado por limpiar el servicio público. Ningún pez gordo ha caído desde el sexenio de Carlos Medina, pero ese es tema para compartirlo en otra perspectiva. 

Gracias Don Roberto.

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