Opinión

Dos obsesiones: seguridad y crecimiento

Los trenes están parados otra vez en Michoacán.

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Por: Enrique Gómez Orozco

Los trenes están parados otra vez en Michoacán. Estudiantes de alguna normal que quieren o “demandan” algo, tienen a bien parar la cadena de suministros del país. Afectan, como lo hicieron al principio del sexenio, a productores, consumidores, exportadores e importadores.

Lo hacen como si fueran de paseo, sin que a nadie del Gobierno le interese remediarlo de inmediato. El pasado torniquete al brazo productor duró 21 días; entonces la CNTE exigía dinero por ese medio y no le importó lastimar la economía en miles de millones de pesos.

Sin orden, sin respeto al derecho de los demás, al de las mayorías, el país aceleraría su paso a la decadencia. Sin urgencia, sin la aplicación de la ley de inmediato en estos casos, el desaliento y la frustración llegará a quienes producen.

Si realmente queremos sacar de la pobreza y de la pobreza extrema a más de la mitad de la población, el único camino es crecer y hacerlo lo más rápido posible. El Gobierno de China ahora presenta en las redes sociales sus logros alcanzados en 70 años, que realmente se han dado en 40 años porque hasta la muerte de Mao comenzó el despegue.

Con 1, 400 millones de habitantes, China es el país del mundo que más gente ha sacado de la pobreza y la pobreza extrema, al grado de que antes de 5 años quedará prácticamente eliminada. Tan sólo en los últimos años, 700 millones de chinos mejoraron su situación económica. Nunca en la historia de la humanidad se habían producido esos resultados en tan poco tiempo. Y lo que sigue es el liderazgo económico mundial.

Quien no ha escuchado del fenómeno de China, no conoce el siglo 21. El futuro está ahí y se desborda hacia otras naciones que desean seguir su modelo de productividad y competitividad. Cierto que tienen libertades limitadas, es una dictadura de partido y hay un control férreo sobre cada ciudadano.

Con el tiempo y la exposición de sus intelectuales, científicos y empresarios al mundo exterior, generarán cambios, aunque los ciudadanos, en su inmensa mayoría, están orgullosos del rumbo y el crecimiento. Sobre todo porque vienen de un gobierno represor y autoritario con Mao, a un mundo más abierto donde ahora pueden viajar y entrar en contacto con otras culturas y con el mundo entero.

En China hay seguridad y orden. Imposible imaginar a un grupo de ciudadanos deteniendo la vía rápida entre Shanghái y Beijing. En tres minutos la policía o el ejército aplicarían la ley. Ahí nadie puede detener la prosperidad.

El mal ejemplo de la CNTE y otros grupos de presión se transforma en ingobernabilidad y en anarquía. El modelo de sentarse a dialogar antes de aplicar la ley puede y debe utilizarse en fenómenos sociales como en Chile, pero atrancar al país porque a un puñado de estudiantes no les gusta algo resulta una receta para la perdición.

La estrategia económica de la nueva administración no da resultados hasta hoy. Son demasiados frentes abiertos en muy poco tiempo. Vivir en el conflicto y no en orden y unidad tiene un precio muy alto para la economía y el bienestar, fin último del crecimiento.

Valdría la pena mirar hacia el éxito y no hacia el fracaso, ver cómo crece y prospera Asia y no la miseria de Cuba y Venezuela.

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