El ‘Golden Boy’

Confieso ser de los que vieron con satisfacción que Emilio Lozoya entrara a la cárcel.

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Por: José Luis Palacios Blanco*

Confieso ser de los que vieron con satisfacción que Emilio Lozoya entrara a la cárcel. No debemos alegrarnos con el “árbol caído”, pero en un País que ha sido saqueado por la clase política y por empresarios que sacan ventaja de las leyes para empobrecer al pueblo, es necesario recuperar un poco de la credibilidad en las instituciones públicas. El presidente AMLO reaccionó a la indignación pública al ver al ex Director de Pemex paseándose en un lujoso restaurante, lo que aceleró su ingreso a la cárcel y con ello, su popularidad seguirá en ascenso y así lo presumirá en las Naciones Unidas.

Fueron décadas de corrupción rampante en el gobierno y de una decadencia de la clase gobernante que fue viendo como normal los sueldos, las prestaciones y el gozo con el poder frente al hambre del pobre. Este componente fue fundamental para la victoria de AMLO en el 2018, pues el PRI con Peña Nieto con su corrupción e indolencia ante las mayorías, fueron lo que agotó la paciencia de los votantes, quienes se volcaron abrumadoramente a votar por la oposición de izquierda, tanto, que “corrupción” fue el término más utilizado por la coalición del presidente AMLO durante la campaña presidencial.

Lozoya como Salinas de Gortari, como Peña Nieto, son ejemplo cabal del ‘Golden Boy’ que nace en medio de los privilegios que da el poder político y que engendra el económico. Hijos de secretarios de Estado y arropados por un partido político que cambió su ideología revolucionaria por un pragmatismo enorme para mantener a saqueadores del patrimonio público, donde gozaron de poder en el encumbramiento priísta y de donde todavía sobreviven los Bartlett, los Sansores y tantos ex priístas que migraron intuitivamente a Morena para salvarse de su naufragio.

Lamentablemente para él, Lozoya refleja a un “Chico Dorado” que no tuvo rubor en maniobrar recursos públicos para empobrecer el patrimonio de Pemex para su propio beneficio, que no tuvo siquiera reparo en traicionar a su equipo al delatarlos para salvarse él. Que prometió a la Fiscalía General de la República la información privilegiada pensando en librar la cárcel. Vida de comodidades y arribo al poder sin valores republicanos que antepongan al bien común al propio. Ranchos, comodidades, condominios de lujo, todo lo que aspiran nuestros políticos.

Triste ver cómo Lozoya declaró cantidad de hechos de corrupción en los que estuvo involucrado sin denunciarlos o renunciar. Es un delincuente confeso que reconoce su participación en hechos que nos agravian a todos y que descubren el modus operandi que se hace desde el poder para robar. El caso Lozoya, además, mostró que la Fiscalía le protegió y consintió, para hasta ahora, no poder comprobar los hechos que afirma existieron, pero reconociendo los ilícitos que él cometió.

Lozoya es un claro ejemplo de la soberbia, la inmoralidad y de la pérdida de valores en los seres humanos. Ya narcotraficantes, ya sicarios, ya servidores públicos corruptos. Este joven y rubio ‘Golden Boy’ quizá salga perdonado en unos años –aún reparando el daño al erario público-, cuando logre probar algo de los hechos de corrupción que les achaca a otros. Quizá se compruebe algo de sus propios ilícitos confesados, pero la cuestión de fondo es cómo reducir o eliminar la corrupción que parece fuera parte del gen de los funcionarios públicos y limpiar la vida nacional.

Quizá por ello, los ejemplos mundiales de extinción de la corrupción, como Singapur, dan cuenta de que, para acabar con ella, se debe empezar ejemplarmente con los casos emblemáticos. Pude constatar en la convivencia con muchos políticos, cómo el poder les acabó para olvidar sus principios e ideales. El poder les hace subirse a un ladrillo y a perder el contacto con el barro del que estamos hechos. Necesitamos hoy funcionarios públicos impecables, que hayan pasado por la prueba de una vida austera y de auténtico servicio a los demás, en contacto con las mayores realidades de la miseria. Se requieren selecciones mejores de los candidatos; no son solo conocimientos y habilidades, sino valores, para poder administrar recursos públicos sin pensar en el propio provecho. Se requiere regresar al origen del sentido de la vida: nacemos para trascender, pues ni siquiera la fortuna de Lozoya le servirá, si pierde lo que más vale en esta vida: la libertad.

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