El Intérprete 58

El descuento aplicado al Club Campestre por considerar que su campo de golf es un predio agrícola fue, junto con la llegada al poder de Alejandra Gutiérrez, lo más importante de la semana.

Por: Antonio Lascurain Huerta

Estímulos al campo

Para no reincidir en el tema de la violencia que nos abruma -pese a otra semana sangrienta y a la captura de un sujeto que, según la Fiscalía General Estatal, se dio el lujo de dejar 50 cartulinas con su ‘firma’ juntos a los cadáveres de otras tantas víctimas- la noticia de la semana en León fue el descuento aplicado al pago del impuesto predial al Club Campestre por haber considerado las autoridades, en  la anterior administración, que el lugar desarrolla actividades agrícolas.

Más allá de los memes y los comentarios surgidos desde que el miércoles por la noche AM difundió la noticia en sus plataformas digitales, y horas después en su edición impresa, sería deseable dejar atrás la anécdota del abuso y llevar la discusión, como planteó la Perspectiva de nuestro director, al tema del financiamiento de una ciudad que demanda cada vez más recursos y sufre, por ahora, del ahorcamiento al que somete el Gobierno federal a los guanajuatenses.

Como publicamos dos días después, es enorme la extensión de terrenos baldíos que hay en la ciudad y que pagan impuestos simbólicos mientras aumentan su valor, por lo cual sería deseable que el Congreso tomara cartas en el asunto y de paso viera la manera de cerrar las puertas a resquicios legales que dan oportunidad a que ex funcionarios como Arturo Zapiel Alvarez, quien fuera director municipal de ingresos, asesore en maniobras que terminan  por afectar a todos los leoneses.

“No voy a ser tapadera de nadie”, advirtió la alcaldesa Alejandra Gutiérrez Campos, cuya administración comenzó el domingo pasado. Ojalá que así sea.

El ex director de Desarrollo Rural,. Rodolfo Ponce Ávila, en una imagen tomada durante su gestión, en lo que parece ser de verdad un predio de vocación agrícola y ganadera. Foto: Archivo AM

La reforma eléctrica

Sin jamás tratar con él, salvo algún saludo, coincidí muchísimas veces con Manuel Bartlett Díaz porque íbamos al mismo club, el Mundet, en la capital del País. 

Recuerdo que cuando era Secretario de Gobernación, dejaba a los escoltas que lo cuidaban en un auto en las afueras del lugar y entraba en su propio automóvil. El hecho no tendría mayor relevancia, salvo porque poco antes, otro funcionario de primer nivel llevaba a sus guardaespaldas ¡hasta la puerta del vapor!, donde se veían muy curiosos con saco, corbata y el bulto en el costado entre todos los socios que entrábamos y salíamos al natural.

Como todos sabemos, Bartlett logró sobrevivir al encarnizado episodio de la sucesión de Miguel de la Madrid, en el que se partió el PRI y se quedaron con el pastel los hoy llamados neoliberales, con Carlos Salinas de Gortari a la cabeza. 

Fue designado Secretario de Educación y entonces lo recuerdo de nuevo, comiendo tranquilamente un domingo con su familia luego de una semana en que las movilizaciones del magisterio oficial habían trastornado a la capital del País. Me llamaba mucho la atención ver cómo la vida personal seguía con normalidad para aquel funcionario, sujeto a grandes presiones.

En fin, gajes del oficio. Campeón de la supervivencia, Bartlett gobernó Puebla y luego comenzó su carrera alterna, que lo llevó finalmente a vincularse con Andrés Manuel López Obrador y estar hoy, a los 85 años y envidiable condición, en el epicentro de la discusión política del País con la propuesta de reforma (o contrarreforma, según quien lea) al sistema eléctrico del País. 

Y así llegamos al viernes, cuando en una intervención que fue muy comentada, el director de la Comisión Federal de Electricidad secundó los ataques que durante toda la semana lanzó López Obrador contra las empresas que a su juicio han abusado del esquemas de suministro en vigor y advirtió que no habrá ni indemnización ni contemplaciones con las que resulten afectadas por los cambios propuestos, si son aprobados por el Congreso.

"Se van a cancelar (los contratos) y no (se va a indemnizar); ya se acabaron. Por eso los invitamos a que participen en un sistema que les conviene, porque esta telaraña que inventaron no es sostenible y no la vamos a aceptar en el Gobierno mexicano. No hay aquí indemnizaciones porque es una decisión de la Constitución de México. Entonces, eso de que los vamos a indemnizar, no”, señaló Bartllet.

El tono de la advertencia llamó la atención y provocó respuestas hasta en el seno de Morena, donde el senador Ricardo Monreal -cuyo papel sin duda será protagónico en el próximo proceso sucesorio- recordó que “las personas servidoras públicas de la CFE y otras instituciones están obligadas a mantener recato y prudencia, esperando que el Constituyente Permanente decida sobre las modificaciones constitucionales que le han sido planteadas. Actuaremos con responsabilidad y congruencia".

El debate eléctrico es un tema demasiado denso para el común de los mortales. Como con casi todo lo que ocurre en el país, la confrontación que existe impide un debate en que se ponderen puntos de vista sin el aderezo de los adjetivos. Pero las advertencias de los riesgos que estas decisiones podrían traer están claras, veremos qué ocurre.

Manuel Bartlett, en su conferencia de prensa del viernes. Foto: Agencia Reforma

El adiós de un cronista

A un paso de terminar mi pausa sabatina, me enteré anoche del fallecimiento de Felipe Cazals, algunas de cuyas películas tanto me impactaron en mi juventud. Veo que entre 1975 y 1976 filmó tres de las más conocidas: Las Poquianchis, que con pena reconozco no haber visto, omisión que espero pronto subsanar; “El apando” y “Canoa”.

La segunda de ellas, como se sabe, está basada en las experiencias en la prisión de Lecumberri de José Revueltas, un izquierdista de los que ya no quedan, y que Cazals supo reflejar con enorme crudeza, apoyado en un reparto eficaz y en un guión del propio Revueltas y de José Agustín, gurú literario de los jóvenes de aquella época y ‘egresado’ de aquel tétrico penal, cuya sordidez tuve la oportunidad de conocer (como visitante).

“Canoa” me impresionó más. La sórdida historia del linchamiento de cuatro trabajadores de la Universidad Autónoma de Puebla a manos de los habitantes de un pueblito de la sierra de Puebla, instigados por la histeria anticomunista de un sacerdote trasnochado, no solo fue un hecho real (ocurrido la víspera de la celebración del Grito de Independencia de 1968) sino un reflejo de aquel México que se precitaba sin remedio a la tragedia del 2 de octubre. Suma a todo eso que en el reparto figuraba mi compañero de estudios Jaime Garza, tristemente fallecido en mayo pasado.

Veo ahora, no lo supe en su momento o no lo recuerdo, que la película obtuvo el Oso de Plata en el Festival de Cine de Berlín, una buena medida de los alcances de la obra de Cazals, quien alguna vez dijo, según veo en las notas que hablan de su muerte, que estaba en paz con una obra en la que figuran las películas que quiso hacer y otras que concretó para llevar el pan a su mesa, entre las cuales seguramente estuvo “Rigo es amor”, rodada en 1980 para recoger la enorme popularidad que obtuvo el cantante invidente de Matamoros, una historia que me tocó conocer como reportero de espectáculo (cuando pude disfrutar, lo confieso, de alguno de los conciertos del artista, que iban musicalmente mucho más allá de la imagen que de él perdura).

Felipe Cazals, una obra que perdurará. Foto: Agencia Reforma

¿Qué ver, qué leer?

La publicación de una nueva novela de Jonathan Franzen siempre será una gran noticia para sus seguidores, entre los cuales me cuento humildemente. Desde el jueves próximo, en las plataformas de costumbre, estará disponible la versión en español de “Encrucijadas”, la más reciente obra del escritor, que ya está metido de lleno en la tarea de promoverlo, en una operación de  difusión de gran alcance, según puede verse en las revistas y los suplementos dedicados a la cultura.

El libro ha sido recibido con la expectación que era de esperarse y con buenas críticas, aunque haya quien cuestiona, como The New York TImes, que el autor anuncie que es el primer libro de una trilogía, con el argumento de que las buenas trilogías surgen sobre la marcha, lo cual seguramente puede discutirse.

El caso es que el libro está ya casi en manos del común de los lectores, que seremos los que daremos el veredicto final, de seguro debatido. Mientras tanto, en una entrevista con El País, Franzen reflexiona acerca de que su novela gire en torno de las experiencias religiosas y reitera su aversión a las redes sociales:

“Es importante recordar que los que usan Twitter son una minoría ruidosa que da la casualidad de que está íntimamente conectada con los medios de comunicación, de modo que su impacto es desproporcionado, en parte porque muchas veces son los periodistas quienes magnifican las cosas haciéndose eco de las declaraciones ultrajantes que hace la gente. Es mucho más jugoso contar algo escandaloso que informar de lo que resulta ser verdadero, honesto y matizado. Si estás metido en la burbuja de las redes sociales da la impresión de que el mundo es así, pero no es cierto”, sostiene el escritor. ¿Qué te parece?

Jonathan Franzen, en una de las imágenes de promoción de su libro. Foto: El País

 MCMH

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