El Intérprete 69: bajan homicidios, pero…; relaciones maltrechas con España y un libro imprescindible

Comenzamos el año con la comprobación de una buena noticia, el descenso de la violencia en Guanajuato el año pasado. Pero todos sabemos que hay mucho todavía por hacer.

Por: Antonio Lascurain Huerta

Menos homicidios… muchos todavía

Es un mérito indudable y una buena noticia que Guanajuato haya conseguido en 2021 reducir la tendencia que había provocado que los homicidios se dispararan de 778 en 2014 a 4,490 en 2020, una cifra aterradora.

Como pudimos ver este domingo en el análisis que difundió AM, el estado consiguió reducir el número total de asesinatos a pesar de que la ciudad más grande, León, la que resiente más violencia, tuvo incluso más casos que durante 2020

Se trata de una excepción que habrá que corregir (hay otras, de menor impacto, igual de tristes). Las autoridades de todo el estado deben tener claro qué fue lo que provocó el descenso y estudiar con interés los casos de Celaya, Irapuato y sobre todo, Salamanca, que consiguieron una reducción de casos que supone más de la mitad de la cifra en que los asesinatos disminuyeron en Guanajuato.

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Disminuir publicidad

Llama la atención el caso de Salamanca, que pasó de 443 homicidios en 2020 a 189 el año pasado, una diferencia esperanzadora que no impidió que la ex alcaldesa Beatriz Hernández fuera desplazada: ojalá que su sucesor consiga sostener la tendencia heredada, o aumentarla.

En cuanto a León, es evidente que las autoridades no han conseguido atajar eso que David Saucedo llamó en junio del año pasado “una guerrilla” entre los grupos que se disputan el control de la delincuencia en la ciudad. Anima ver que a partir de octubre se haya presentado una tendencia a la baja y que los 88 casos de septiembre se convirtieran en 57 en diciembre. Pero hubo incluso meses con menos de 50, como ocurrió en febrero, así que es pronto para hacer otra cosa que no sea señalar el hecho.

En Celaya ha ocurrido lo contrario y los 42 casos de septiembre ascendieron a 65 en diciembre, cuando fue la ciudad con más casos en el estado y el único mes en que León no tuvo ese triste privilegio. Habrá que analizar con detalle los hechos y el posible impacto del cambio del secretario Miguel Ángel Simental a Irapuato, donde los casos siguen a la baja.

Otro análisis anual sobre el tema, que también este domingo difundió Reforma, revela que Guanajuato ya ni siquiera aparece entre los ocho estados con mayor tasa de homicidios en el País, mismos que registraron un incremento de 17% en 2021, un registro que hace todavía más apreciable lo que se logró en Guanajuato

Bienvenida la noticia y la tendencia. Pero mal harían las autoridades en dormirse en sus laureles con lo alcanzado. Como establece el trabajo de AM, el número de casos registrados el año pasado es todavía superior al de 2019, por lo que hay mucho qué hacer. Presumir una y otra vez la reducción de los casos, incluso ‘condimentando’ las cifras, como ya hemos visto en más de una ocasión, no colabora al objetivo general.

Sí lo haría en cambio reforzar los mecanismos de administración de justicia. Como se publicó, hubo durante el año 93 casos de matanzas con tres o más víctimas (ocho o nueve, a veces), ataques a mansalva, con premeditación y ventaja, que son en efecto difíciles de prever, como han dicho las autoridades. Por ello resulta indispensable castigarlos, para que los responsables sepan las consecuencias que pueden enfrentar. 

Ojalá que durante 2022 no maten 10 personas en promedio en Guanajuato y dentro de un año podamos hacer un balance mucho más positivo.

En medio de tantos reproches, la colaboración entre los gobiernos de Guanajuato y el federal, parece comenzar a dar resultados. Foto: Archivo AM

Embajador en espera

Comenzamos 2022 y junto con la estatua, parece que también se ha venido abajo la relación entre México y España, que no resistió a las exigencias del presidente Andrés Manuel López Obrador de que hubiera disculpas por las barbaridades cometidas durante la conquista ni a los constantes ataques contra las empresas de aquel País que hemos escuchado en las tertulias matutinas de Palacio Nacional.

Agustín Gutiérrez Canet es un personaje singular. Periodista, diplomático, esposo de Martha Bárcena, ex embajadora de México en Estados Unidos y sobrino de Beatriz Gutiérrez Müller, la esposa del Presidente de la República.

Su carrera diplomática tuvo un abrupto final en 1996, cuando siendo embajador de México en Irlanda, fue removido por el gobierno del presidente Ernesto Zedillo tras haber concretado una reunión entre Carlos Salinas de Gortari y Jorge Castañeda. Es también un crítico frontal del secretario Marcelo Ebrard.

En su columna de fin de año en MIlenio, Gutiérrez Canet informó que las autoridades españolas han rechazado conceder su beneplácito como embajador al ex gobernador priísta de Sinaloa, Quirino Ordaz, una designación atropellada que al parecer ha sido un factor más de molestia para el gobierno de la península.

“Si bien el propósito de pedir perdón no era del todo malo, el tono altanero de la misiva, la mal ejecutada gestión y el constante discurso hispanofóbico causaron el descalabro con España, una nación entrañable para México, unidas por vínculos ancestrales de amistad y la segunda con mayor inversión en México”, señala Gutiérrez en su columna.

Como en tantos aspectos que hemos visto durante esta administración, la generalización ha resultado exagerada y contraproducente. Si han sido evidentes los excesos de algunas empresas, lo correcto es frenarlos y sancionarlos (como por lo demás se ha hecho en algunos casos) y no meter a todos en el mismo saco. Y sobre el tema de la dominación colonial, no sobra olvidar que la historia de Europa es un recuento interminable de conquistas y emancipaciones, basta recordar que los árabes estuvieron durante ocho siglos en la península.

El presidente Andrés Manuel López Obrador y el entonces gobernador de Sinaloa, Quirino Ordaz, en una gira por aquella entidad. Foto: Agencia Reforma

¿Qué ver, qué leer?

La recomendación la hizo nuestro director en su Perspectiva del 29 de diciembre, “Cómo nos cambió la  vida”, en la que habla del libro “La gran influenza”, de John Barry: “nada como zambullirse en él” para tener antecedentes sobre lo que nos pasa con el coronavirus, aseguraba con toda la razón.

El libro relata no solo el brutal impacto de la pandemia (Barry considera que los muertos fueron en realidad 100 millones), sino un momento estelar de transformación en que la medicina de Estados Unidos sienta la bases para convertirse en la más importante del mundo, mediante una fórmula infalible: el empleo del método científico.

Pero además, del ameno texto sorprende descubrir cuántos puntos en común vivimos hoy con lo que pasó entonces, pese a los formidables avances de la ciencia: la inquietud causada por el desconocimiento, el impacto negativo de tantos charlatanes, los palos de ciego de funcionarios públicos (y sus consecuencias) y, sobre todo, la febril carrera por enfrentar la pandemia y salvar vidas.

La versión impresa del libro aparece en el catálogo de Gandhi y la digital puedes adquirirla, con el consabido click, en Amazon. Nadie se arrepentirá.

Pacientes afectados por la influenza en el Auditorio Municipal de Oakland, utilizado como un hospital temporal, en una imagen de hace un siglo. Foto: AP

MCMH 

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