Opinión

El Otoño del Presidente

El otoño llega a Palacio. En el segundo año, justo cuando los presidentes tienen su mayor poder en el sexenio, López Obrador experimenta un deterioro acelerado. Nadie lo puede negar a pesar de tener más del 50% de aprobación. Es una resbaladilla desde su punto más alto, cuando tenía el 80% del apoyo ciudadano. 

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Por: Enrique Gómez Orozco

El otoño llega a Palacio. En el segundo año, justo cuando los presidentes tienen su mayor poder en el sexenio, López Obrador experimenta un deterioro acelerado. Nadie lo puede negar a pesar de tener más del 50% de aprobación. Es una resbaladilla desde su punto más alto, cuando tenía el 80% del apoyo ciudadano. 

Pero, ¿cómo puede entrar al otoño si cuenta con aún con mayoría? Tal vez sea porque el verano fue tórrido, atropellado, al final, francamente desastroso. Podemos verlo en una cadena de conflictos que culmina con el más grave de todos: la represión de la libertad de manifestación y de tránsito a sus opositores, libertades garantizadas por la Constitución. 

El domingo el  instinto político de AMLO captó el despropósito de cerrar las calles a FRENAA, la organización que pide su salida porque “el país va al totalitarismo”. 

En un acto de retórica les pidió a los opositores quedarse en la plancha del Zócalo como él lo hizo muchas veces, incluso los exhortó a estar ahí por largo tiempo. No sabemos si fue por sorna o para desactivar un movimiento que, al reprimir, lo harían más grande. Después del “je, je, je” absurdo frente a las víctimas de masacres o el criterio editorial de Reforma, tenía que responder distinto. 

López Obrador enciende un fuego tras otro y lanza pantallas de humo para distraer la atención o atraer de nuevo la votación para Morena en el 2021. La rifa del avión fue un sinsentido; el pleito con Chihuahua fue inútil y una interpretación equivocada del problema del agua. Con las feministas y las mujeres que reclaman justicia por miles de agravios, tampoco hay soluciones sino constantes choques. 

Inicia el otoño boreal, tiempo en que el día y la noche se igualan en el equinoccio. El Observatorio dice que será mañana a las 13:31 y pronostica frío. Poco a poco la noche robará tiempo al día; igual pasará con el país. La pandemia marcará el antes y el después de la pretendida transformación. Con los motores de la inversión a medio gas y el espíritu roto de la clase media, la caída será más pronunciada. 

La historia contará, una por una, las decisiones que destruyeron las instituciones y las obras indispensables como Texcoco; las estrategias equivocadas que frenaron la economía. López Obrador no puede pedirle al tiempo que vuelva a colocar al petróleo como impulsor del crecimiento ni el desarrollo. Tampoco encontrará respuesta al futuro culpando siempre al pasado. 

La Suprema Corte de Justicia negará el juicio sumario a los expresidentes y, tal vez, la oposición encuentre motivos suficientes para unirse y no entregar la mayoría en el 2021. Los opositores tendrán la oportunidad de preguntar: “estás mejor hoy que al inicio del sexenio” y un rotundo NO será la respuesta después de haber perdido el 10 por ciento de nuestro PIB y la mitad de nuestras esperanzas. 

Lozoya, el avión, los expresidentes y otras proclamas populistas quedarán deslucidas ante la realidad de los bolsillos vacíos. ¿A quién le importará la corrupción del pasado cuando la del presente sigue igual o peor?,¿a quién le importará la presunta calamidad del neoliberalismo si era un sistema que nos permitía crecer a diferencia del engendro que diseñó Morena? Son demasiadas tormentas para un solo año. Las estaciones vienen y se van de prisa. También los sexenios, aunque parezcan demasiado largos.

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