El PAN y su código de impunidad (Segunda Parte)

Si el PAN tuviera los hombres de la dimensión que el país necesita no habría partido que le pudiera hacer competencia.

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Por: Enrique Gómez Orozco

Si el PAN tuviera los hombres de la dimensión que el país necesita no habría partido que le pudiera hacer competencia. Con la firme voluntad política de trascender en Guanajuato cambiando desde la raíz las reglas del juego, podría lograrlo en poco tiempo eliminando la impunidad.

Bien decía el líder de Singapur, Lee Kuan Yew, “el problema no es la corrupción sino la impunidad”. En Guanajuato prevalece la impunidad. Los últimos gobiernos y el actual, gastan diez veces más en los órganos anticorrupción que el dinero recuperado por auditorías o investigaciones que llevarán a la justicia a quienes saquean nuestro estado.

Al dejar hacer y dejar pasar, los gobernadores panistas siembran un código de impunidad. Tenemos conocimiento de cientos de corruptelas desde el mandato de Juan Manuel Oliva. Tanto Diego Sinhue Rodríguez como Héctor López Santillana prometieron no dejar impune a la administración más corrupta de la historia reciente de León. Todo queda entrampado en la burocracia, en una Fiscalía inútil ante el despojo del dinero de los leoneses y guanajuatenses.

¿Hay un pacto no escrito de mutua tolerancia entre partidos y gobernantes? Ninguna otra explicación racional podemos dar a la pasividad y tortuguismo de las entidades que pagamos los ciudadanos para que hagan justicia cuando algún funcionario le mete la mano al presupuesto.

El pretexto favorito de Oliva era decir que estaba reuniendo dinero para las campañas de su partido. Ninguna contienda política justifica que los gobernantes sustraigan cientos de millones.

Hay quienes dudan de que un buen gobierno eficaz y honesto pueda darse en nuestro país. Muchos piensan que el dinero es la única fórmula para convencer a los electores. Están equivocados. Cuando los gobernantes se distinguieron por una administración impecable, la gente lo notaba y lo sabía. Igual adivinan con clarividencia si el gobernante comienza a dar negocios a sus compadres, familiares y amigos. Las empresas fachada, las “Pastas Finas” y otros trucos tratan de esconder lo que la gente ve.

Imposible que la Expo Bicentenario valiera los 150 millones de dólares que dilapidó el PAN en un elefante blanco. Absurdo que al proyecto Escudo de seguridad le metieran 200 millones de dólares y siga costando una cantidad desconocida cada año cuando en Guanajuato desaparecieron y siguen desapareciendo miles de personas. Se prometió que la tecnología daría la ventaja a la Procuraduría sobre la delincuencia. Nunca fue así.

Quien dirige hoy el PAN fue uno de los cercanos de Oliva, un líder gris que no representa ni por mucho los ideales de los fundadores. Acostumbrado a la corrupción, no tiene el carácter ni la capacidad política para enderezar al blanquiazul. A los corruptos e ineptos en Acción Nacional los reciclan como lo hacía el PRI. En un lenguaje que todos entienden, permiten corruptelas mayores y menores, desde compras multimillonarias hasta contratos permanentes de funcionarios con empresas favoritas. Sí, todos lo saben porque es un código de impunidad y de silencio, desde la contratación de eventos para el gobernante hasta la compra a precios inflados de las placas o la contratación de empresas fachada para importar computadoras de China por 900 millones de pesos. Es una lástima a dónde ha llegado Acción Nacional.

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