El desprecio a lo privado

Soy parte de quienes están rodeado de médicos y personal de salud.

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Por: José Luis Palacios Blanco

Soy parte de quienes están rodeado de médicos y personal de salud. Son familia y estudiantes que, no teniendo cabida en el sector público, tienen actividades privadas, ya en la medicina, ya en la enfermería ya en la odontología y que hoy, no pueden ser vacunados porque nuestro Presidente desprecia lo privado, en esta falsa idea de que solo público es bueno y todo lo privado, es corrupto.

El presidente AMLO decidió no vacunar al personal de salud del sector privado y pedirles “que esperen” a que les llegue su turno. El sentido común nos dice que es el personal que atiende a enfermos, muchos asintomáticos, el que primero que debe vacunarse, como se ha hecho en todo el mundo. Sabemos también, que el personal de salud tiene el mismo derecho, pensando en la salud del País, a ser vacunado, esté en sector público o en el privado.

El Presidente afirma que hay una campaña para “echarle encima al sector privado de la salud”, pero en realidad, es él quien se lo ha echado, pues tiene en su manera de ver la vida, la idea de que todo lo que es privado, no debe existir. Ni empresas, ni escuelas, ni hospitales, ni carreteras, ni centrales de energías renovables, ni gasolineras privadas, solo públicas.

Veamos: el desprecio del Presidente tiene un origen ideológico: en su cabeza, el emprendimiento y la iniciativa privada no deben existir, sino solo lo colectivo que encabeza el Estado mexicano. Su enfoque de inicio, no es malo, solo que, en México, todo lo que ha tocado el gobierno, ha sido desmantelado y saqueado. Quizá por eso, la obra pública hoy la hace el ejército y ha eliminado las licitaciones para comprar por medio de adjudicaciones directas, con todo el riesgo que esto conlleva.

La medicina privada existe en México porque el sector público no tiene la cobertura ni la calidad suficiente para toda la población mexicana y por ello, en todos los sectores, tenemos oferta privada para que la paguen quienes pueden hacerlo. Es como decidir tomar una autopista de “cuota” o transitar por la vía “libre o federal”. Así debería operar el programa de vacunación, atendiendo gratuitamente el Estado mexicano a quienes no tengan recursos y permitir que paguen la vacuna quienes puedan hacerlo. Solo que en la vacuna contra el COVID-19, únicamente puede hacer la compra el gobierno, es decir, AMLO.

Los amparos de los médicos del sector privado, es una ruta real y necesaria; incluso algunos ya ganaron amparos esta semana. Este asunto se resolvería fácilmente con disponer el presidente AMLO, de vacunas para el sector privado, pues son ellos quienes atienden en el primer contacto en miles de espacios donde los pacientes reciben sus servicios. Se calcula que alrededor de 30,000 médicos laboran en el sector privado y que no han sido vacunados (descontando los que laboran también en el público y ya recibieron sus dosis). El Presidente tiene esta semana alrededor de 5 millones de vacunas y le llaman a esto “reserva” y bien hubiera podido aplicarlas al sector salud privado.

Aún teniendo México el mayor número en el mundo, de fallecidos en el personal de salud, el Presidente ha reiterado su necedad en no vacunarles. El desprecio de nuestro Presidente se refleja hoy en discriminación hacia el personal de salud privado. Son médicos, enfermeros, odontólogos, terapistas, asistentes, camilleros que tienen contacto con enfermos asintomáticos y que hoy, siguen teniendo alto riesgo de contagio.

Soy de los que piensa que cuando el Estado mexicano no puede ofrecer servicios de calidad o su cobertura no llega a todos, debe operar una oferta privada para que quien pueda hacerlo, la pague. Esta competencia es buena para todos, pues incentiva al sector público a mejorar la calidad de sus servicios, ya sean educativos, de telecomunicaciones, de energía, de salud. Lamentablemente, el desprecio del Presidente a lo privado, ahora se traduce en la vulnerabilidad a seres humanos que atienden enfermedades, cuando aquí, no debería haber ideologías ni discriminación, ni desprecios.

*Consejero local del INE

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