El drama migrante

La migración es una de esos fenómenos sociales en la historia de la humanidad que refleja las enormes asimetrías entre regiones, como hoy existen entre el norte y el sur del planeta; entre países ricos y países pobres; entre esas geografías donde el IDH (índice de Desarrollo Humano) es cercano a uno y donde en otros se acerca al cero.

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Por: José Luis Palacios Blanco *

La migración es una de esos fenómenos sociales en la historia de la humanidad que refleja las enormes asimetrías entre regiones, como hoy existen entre el norte y el sur del planeta; entre países ricos y países pobres; entre esas geografías donde el IDH (índice de Desarrollo Humano) es cercano a uno y donde en otros se acerca al cero. Este indicador refleja los niveles de bienestar y por ello, cruzar de Tijuana a San Diego o saltar de Marruecos a España, representa un cambio enorme en la probabilidad de poder llevar una vida más digna. Es la hazaña de los balseros cubanos o la salida de 5 millones de venezolanos o de tantos musulmanes que buscan la economía europea.

El Informe Mundial de Desarrollo Humano que publica la ONU es un estudio potente que desnuda la crueldad con la que el capitalismo ha hecho --que sean en esta evolución poblacional, que los más competitivos sobrevivan, en tanto que las mayorías no lo pueden hacer. Por ello, los enormes flujos del norte al sur de millones de seres humanos que buscan una mejor vida, en tanto, que las manufacturas se hacen en el sur y ya no en el norte. Sí, los mejores cerebros de la humanidad son atraídos por corporativos, universidades, empresas, todas ubicadas en el norte del planeta, para que las fábricas se ubiquen en el sur. Asimetrías como las del México del norte y el del sur.

Desde luego que hay causas raíz desde la conquista que hicieron los reinos europeos en todo el mundo, para con el paso del tiempo, crear entre nosotros, culturas de resignación y apenas de sobrevivencia. Por eso, las migraciones se comenzaron a dar en la era moderna, pues en un mundo globalizado, la información permitió saber que, en las metrópolis, los niveles de vida eran considerablemente mejores. Lo supimos después de la Segunda Guerra Mundial los mexicanos, quienes, a falta de mano de obra, llevaron sus brazos a las fábricas norteamericanas en esa repoblación de lo que fueron alguna vez nuestros territorios antes de la guerra con los Estados Unidos.

Centroamérica hace 30 años en medio de convulsiones políticas y económicas, comenzó a expulsar también a sus hijos. Allí comenzaron a salir los más talentosos y son ansias de superación, pero también aquellos maleantes que veían la oportunidad de meterse a las mafias del narcotráfico del sur al norte. Por ello, México se vio envuelto en ser un País de paso, el “tercer país seguro”. Los lineamientos del gobierno norteamericano han sido claros desde entonces: contener la migración proveniente de Centroamérica y más recientemente, de Haití, Venezuela y Cuba.

Con la victoria del presidente AMLO y al calor de su fuerza electoral, él invitó a que llegaran más inmigrantes desde el 2019, detenido este llamado solo por la amenaza de Trump de castigarnos comercialmente si no lográbamos detener las caravanas migrantes. La opinión pública mexicana frente a este creciente fenómeno, ha sido cauta, pero clara mayoritariamente: somos solidarios, pero no queremos que aumenten nuestros problemas, pues solo somos país de paso. Esta postura es la adecuada, pero cuando la frontera se cierra con Trump y Biden y la pandemia COVID, las oleadas humanas de migrantes se estacionan entonces en nuestro territorio, dejando al gobierno federal, en las mismas condiciones: no saber cómo diseñar una política pública que, por un lado, proteja humanitariamente y por otro, cumpla los lineamientos de los Estados Unidos.

Esto se ha reflejado en un incremento de problemas, violaciones de derechos, flujos migratorios, dramas humanitarios, que no puede resolver el gobierno del presidente AMLO. Lamentablemente, aquí no puede haber “otros datos”. No hemos logrado resolver el desafío de otorgar algún tipo de “visas humanitarias” para que transiten hacia la ruta imposible del norte. La tragedia de esta semana con decenas de centroamericanos muertos en Chiapas en un accidente de carretera, desnuda la necia realidad: México no le encuentra cómo atender y enfrentar el drama humanitario de la emergencia migrante y la tragedia de esta semana, por más que se quiera negar, será parte de este acumulado de problemas no resueltos por AMLO ni por la sociedad mexicana, aunque le queramos echar la culpa al pasado o a otros.

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