El gran bache

A mitad del sexenio no tenemos un plan de infraestructura para el futuro.

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Por: Enrique Gòmez Orozco

A mitad del sexenio no tenemos un plan de infraestructura para el futuro. Si tomamos en cuenta la destrucción del aeropuerto en Texcoco, terminaremos con menos inversión fija neta que al principio. Un retraso considerable si nos comparamos con lo que sucede en todo el mundo. Hay un gran bache imposible de ocultar en la obra pública federal.

Joe Biden anunció la inversión de un billón de dólares para hacer nuevas carreteras, restaurar puentes y crear una red de suministro eléctrico para autos. Estaciones que no estarán a más de 80 kilómetros de distancia una de otra en las carreteras. Desde que se cayó un puente en Minneapolis sobre el río Mississippi en 2008, los estados claman por asegurar más décadas de buen funcionamiento a sus puentes. El Golden Gate de San Francisco tiene 83 años y el puente de Brooklyn en Nueva York 138 en funcionamiento. Sin mantenimiento sucede lo que pasó con la línea elevada del Metro en la CDMX que a chirridos gritaba auxilio. 

¿De dónde sacará el gobierno norteamericano el dinero para invertir ese billón (un millón de millones de dólares) si actualmente tienen un enorme déficit? Muy sencillo, se lo pedirá prestado al futuro. Igual que hacen Japón, China y todos los países desarrollados cuando quieren reactivar su economía, dar más empleo y construir el propio futuro. 

Suena extraño pedir prestado al futuro para que pueda darse desde el presente. Un galimatías léxico y económico. Estados Unidos, China y Japón son las tres economías más grandes del mundo. De Japón sabemos que su deuda pública equivale a dos años de su producción nacional. Estados Unidos ya rebasa el 110%  de su PIB y en China, aunque los datos son más inciertos, suponen que su deuda interna puede ser el doble que la de EU con unos 43 billones de dólares. 

China y Japón le deben a sus ahorradores. Estados Unidos a sus ciudadanos y a todo el mundo. En México también tenemos una deuda creciente, la diferencia es que la nuestra es producto de gasto público improductivo. El mejor ejemplo es la destrucción del aeropuerto de Texcoco. Ese proyecto iba a dejar a largo plazo unas 20 veces más de lo que nos costaba. En cambio Dos Bocas costará la inversión inicial más las pérdidas de operación tipo PEMEX. Además su vida útil no pasará de 15 años por el cambio a movilidad eléctrica. 

Ahora que quieren juzgar a los “actores políticos”  por sus trampas del pasado, también deberíamos evaluar los frutos de sus mandatos. Sin duda los más eficientes y productivos para el país fueron Carlos Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo. Salinas nos dejó un tratado de libre comercio que muchos países envidiaron. Corea del Sur y otros siguieron nuestros pasos. Además construyó carreteras a lo bestia. Todavía vemos el símbolo de “Solidaridad” en la autopista a Guadalajara.

Ernesto Zedillo dejó la economía con un crecimiento del 7%, finanzas públicas sanas y alternancia política con paz. Los sexenios del PAN fueron grises en obras y Peña Nieto dejó reformas que iban a ser puntuales de nuestra economía futura. En los últimos dos años hemos escuchado que el Gobierno irá con los empresarios por la inversión pero nada importante han concretado. El tiempo vuela y medio sexenio ya se fue sin que haya frutos materiales cuando México está por construir la infraestructura del futuro. 

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