El juego del calamar

Esta semana millones vimos con impotencia, el cinismo con el que Lozoya, todo impune, cena libre de la justicia en un lujoso restaurante, mientras nuestro Fiscal se entretiene mejor en perseguir a sus enemigos políticos, ya científicos ya familia política, pero siempre dejando escapar a los grandes capos en esta estrategia de abrazar y no de balacear.

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Por: Jose Luis Palacios Blanco *

Esta semana millones vimos con impotencia, el cinismo con el que Lozoya, todo impune, cena libre de la justicia en un lujoso restaurante, mientras nuestro Fiscal se entretiene mejor en perseguir a sus enemigos políticos, ya científicos ya familia política, pero siempre dejando escapar a los grandes capos en esta estrategia de abrazar y no de balacear. Para nosotros, los ciudadanos, es contemplar con molestia que también este gobierno -el que nos cautivó atrapando nuestro voto, para acabar con la corrupción y la impunidad-, terminara, siendo igual que los de antes.

Es en esta realidad nuestra, donde en la economía millones pelean por sobrevivir, que aparece una serie en Netflix que rompe récords de audiencia por estar relacionada con un juego que muchos jugamos: la sobrevivencia. A pesar de su contenido brutal, el programa ha cautivado al público de todo el mundo, convirtiéndose ya en la serie más vista de Netflix en casi 100 países. ¿De qué trata la serie? Cientos de personas con dificultades económicas aceptan una extraña invitación a un juego de supervivencia, donde les espera un premio millonario. Es una producción televisiva coreana que hace una mordaz referencia a la vida actual en Corea del Sur, presentando a los espectadores una historia de violencia, traición y desesperación que nos refleja en la búsqueda de la “chuleta mexicana”.

Se trata de nueve episodios en los que un grupo de personas sumidas en deudas y desgracias personales -como lo somos los mexicanos-, ingresan a una serie de seis juegos de supervivencia, basados en la realidad de niños de Corea del Sur, juegos macabros en los que sus jugadores luchan literalmente a muerte. Es la historia de 456 personas que deciden convertirse en apostadores de una serie real de juegos misteriosos y enfermizos de supervivencia para tener la oportunidad de ganar miles de millones de wones. Cada persona que muere añade 100 millones, incitando el conflicto entre los jugadores, presentando así, la realidad de la jungla de la competencia. El juego final, es el “juego del calamar”, ya que el área en que se juega tiene diferentes formas geométricas en el suelo, que en su conjunto, parece formar un calamar. Allí, si un atacante logra atravesar al defensor y entrar en la cabeza del calamar, se proclama como ganador del juego.

Pareciera que en la serie nos reflejamos los mexicanos en nuestra dinámica para sobrevivir, en un entorno de competencia, donde hemos perdido el sentido colectivo para dejar el individual. La serie seguirá teniendo adeptos, pues al ser nuestra historia de juego, nos plantea las interrogantes de por qué estamos apostando la vida para poder salir de la pobreza en un País donde la probabilidad de lograrlo es muy pequeña. El “juego del calamar” refleja la dinámica en la que muchos buscamos la superación para dejar la pobreza con la esperanza de que todo pueda cambiar.

El capitalismo como sistema económico se basa en la competencia y en esa promesa apostamos la vida para salir de la pobreza, solo que en las últimas décadas se ha concentrado brutalmente la riqueza gracias a leyes que protegen a las minorías a costa de las mayorías. América Latina es un reflejo de esta realidad cruda. Lozoya es un “calamar” que robó y sobornó y ahora inventa culpas a cambio de poder sobrevivir en el juego y sigue gozando de impunidad. Ya México, ya Guanajuato, ya León: pocos tienen mucho y las mayorías, poco.

Aquí puede haber cantidad de argumentos para justificarlo. Pero el diagnóstico y promesa que hizo AMLO como eterno candidato, tocó las fibras humanas de paisanos cansados de jugar el “juego del calamar” y perder en ello la vida. Vendió la idea de acabar con las enormes injusticias y construir un país más próspero por ser justo y dejar de arriesgar la vida en el “juego del calamar”. No lo ha logrado y nos sigue dividiendo y dando señales de que personajes como Lozoya mira riendo, impune, cómo todos los demás jugamos el “juego del calamar”.

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