El “lujo” que no nos podemos dar

Joe Biden anuncia una nueva ronda de inversiones para sanar y reavivar a Estados Unidos después de la tragedia Covid-19 del año pasado. Son 1.9 millones de millones de dólares que se utilizarán para vacunación, apoyo a los desempleados e inversión en infraestructura.

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Por: Enrique Gómez Orozco

Joe Biden anuncia una nueva ronda de inversiones para sanar y reavivar a Estados Unidos después de la tragedia Covid-19 del año pasado. Son 1.9 millones de millones de dólares que se utilizarán para vacunación, apoyo a los desempleados e inversión en infraestructura. Al menos un 8 por ciento de su producción anual. Eso se suma a un apoyo semejante otorgado en 2020.

Los asesores de Biden saben que sin ese apoyo, el hambre llegaría a millones de familias, la vacunación tardaría años y la situación podría convertirse en una ingobernable depresión. El nuevo apoyo será financiado con deuda a largo plazo o para decirlo con mayor claridad, imprimiendo dinero.

En México el secretario de Hacienda, Arturo Herrera, dice que extender el crédito “es un lujo que sólo las naciones ricas se pueden dar”. Su razonamiento es matemático, pero no económico ni humano. Ni siquiera tiene fundamento político. Obedece a la orden de austeridad a rajatabla de López Obrador.

Herrera dice que México pagaría intereses del 6 por ciento anual y eso representaría 400 mil millones de pesos más de intereses (por cierto la cuenta no da). Las naciones ricas no pagan por endeudarse porque las tasas son cercanas a cero o negativas. Entonces no les cuesta extender créditos internos en la Unión Europea, Japón, China o Estados Unidos. Así que nuestro país no puede pedir prestado “porque es muy caro”.

Lo que no dice el Secretario de Hacienda es que ante el desempleo, el hambre y la muerte de miles de empresas y destrucción de 800 mil empleos, el dinero más caro es el que no existe. Escuchamos, por otra fuente, que sus encargados de negociar la deuda soberana consiguieron tasas del 3 por ciento a muy largo plazo en países como Taiwán. (Eso merece una reflexión posterior).

México podría utilizar su línea de crédito con el Fondo Monetario Internacional por 70 mil millones de dólares, ampliar el crédito interno por un millón de millones. También puede ahorrar de verdad suspendiendo el Tren Maya, la refinería de Dos Bocas y el aeropuerto de Santa Lucía.

Arturo Herrera es un economista formado en el Banco Mundial que entiende la importancia de una expansión monetaria y fiscal en momentos de recesión profunda. El propio gobernador del Banco de México, Alejandro Díaz de León, sugirió esa intervención federal que no se ha dado.

¿Quién puede pensar que es un lujo salvar vidas, empleos y empresas?, ¿cómo podemos convencer al Presidente que el país puede entrar en barrena económica, incluso en depresión y deflación sin una intervención fuerte en la economía?

Hasta por instinto de conservación, los líderes de Morena en el Congreso deberían de intervenir para expandir el gasto público en apoyos directos.

Cuando le preguntaron a John Maynard Keynes qué pasaría en el futuro con tanta intervención gubernamental durante la Gran Depresión, el economista inmortalizó su frase: “En el largo plazo todos estaremos muertos”. Después de la Segunda Guerra, a mitad de los cuarenta y en la década de los cincuenta, la inversión fiscal daría el mayor crecimiento histórico a las naciones de Occidente.

El apoyo a los desamparados, a los olvidados, a los desempleados, no es un lujo sino una imperiosa necesidad para salvar a millones de familias del hambre y la enfermedad. No sólo eso, es la medida más sensata para salvar al país. Si no hay esa inyección en las próximas semanas, Morena se llevará la sorpresa de la vida en las elecciones. Ya lo veremos.

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