El movimiento anti-vacunas

Las dudas sobre el proceso de vacunación no son nuevas, éstas han dañado a la humanidad durante siglos. Desde su uso a lo largo de la historia, las vacunas han despertado sospecha y hostilidad entre algunas personas. 

Avatar del

Por: Vicente Aboites

Las dudas sobre el proceso de vacunación no son nuevas, éstas han dañado a la humanidad durante siglos. Desde su uso a lo largo de la historia, las vacunas han despertado sospecha y hostilidad entre algunas personas. 

Algunos investigadores sociales de este fenómeno, como Agnes Arnold-Forster de la escuela de historia de la medicina de la Universidad de Bristol en Inglaterra, consideran que la desconfianza está dirigida generalmente hacia las instituciones científicas y los gobiernos. 

Algunos consideran que las vacunas son una violación a sus libertades personales o que son instrumentos de vigilancia de los gobiernos. Otros temas de ansiedad incluyen el temor a la introducción de sustancias no naturales en el cuerpo, la autonomía de los padres, objeciones basadas en convicciones religiosas, preocupaciones sobre infertilidad u otras enfermedades, entre otros. 

La falsa creencia de que las vacunas de COVID-19 contienen un microchip representa ansiedad doble, primero sobre los componentes de la vacuna y segundo, sobre su supuesta capacidad de vigilancia.

Así mismo, otros investigadores sociales como Arnold-Foster de la misma institución, concluyen que algunos intentos por disminuir la ansiedad causada por las vacunas no han funcionado como se esperaba debido al autoritarismo y los métodos coercitivos empleados. Aseguran que la forma más efectiva de reducir esta ansiedad entre el público debe centrarse en ganar la confianza y mejorar la comunicación abierta entre la población y los médicos.

Vale también subrayar la presencia de personas convencidas del peligro o inutilidad de las vacunas, que además están empeñadas en convencer -por cualquier medio posible- a los demás de sus puntos de vista. 

El caso reciente más escandaloso es el de un trabajador del Aurora Medical Center en Wisconsin, el Sr. Steven Brandenburg quien deliberadamente sacó por la tarde las vacunas contra COVID-19 del refrigerador del hospital para intencionalmente estropearlas y posteriormente durante la mañana las volvió a introducir al refrigerador como si nada hubiera pasado. Su objetivo era “demostrar” que las vacunas no protegían del virus ni servían de nada.

Evidentemente las vacunas ya estropeadas y echadas a perder no servían de nada pero afortunadamente su perversa acción fue grabada por el sistema de vigilancia del hospital y el Sr. Brandenburg fue llevado a juicio. Su actuar le costará tres años de cárcel y una multa de casi cuarenta mil dólares.

Otro caso vergonzoso se dio en mil novecientos ochenta y dos, cuando se transmitió el documental “la ruleta de la vacuna” en donde se trataba de mostrar, con evidencia errónea, que ciertas vacunas habían producido daño cerebral. 

Un caso más reciente ocurrió en mil novecientos noventa y ocho en donde se trató de vincular el proceso de vacunación con la presencia de autismo. Se demostró finalmente que el reporte elaborado por el gastroenterólogo Andrew Wakefield contenía datos falsos y debió de ser retractado de la revista en que había sido publicado.

Para los lectores interesados, el siguiente artículo contiene una detallada descripción de las acciones del movimiento “contra vacunación” para el caso del COVID-19. (T. Burki, “The online anti-vaccination movement in the age of COVID-19”, The Lancet Digital Health. Vol. 2, October 1, 2020, p. E405”)

Opinión

Opinión en tu buzón

Deja tu correo y recibe gratis las columnas editoriales de AM, de lunes a domingo

8am
En esta nota:

Y tú, ¿qué opinas?