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EL PRESIDENTE Andrés Manuel López Obrador va que vuela para el Nobel de Economía pues quiere lograr la recuperación económica... ¡ahorcando a las empresas!

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Por: F. Bartolomé

EL PRESIDENTE Andrés Manuel López Obrador va que vuela para el Nobel de Economía pues quiere lograr la recuperación económica... ¡ahorcando a las empresas!

DESDE que inició el sexenio, parece empeñado en lograr que reviente el mayor número de empresas posible. Ahuyenta inversiones, crea trabas burocráticas, les mete el pie a proyectos privados, recurre al terrorismo fiscal y, para colmo, ha convertido en negocio de unos cuantos el mercado de las compras gubernamentales, adjudicando en lugar de licitar. ¿Será que la 4T le apuesta a que la mayoría de la población se vuelva informal para engrosar su clientela electoral?

Y AHORA ahí viene la eliminación del outsourcing, tema en el que Luisa María Alcalde se olvidó del tono conciliador y advirtió a la IP que su petición de revisar el esquema del reparto de utilidades ni siquiera está a debate, que se vayan preparando y que le hagan como puedan. Es decir, además de las pérdidas por la pandemia, la falta de apoyos fiscales y el aumento en las aportaciones para el retiro, les van a echar una carga más a las empresas.

ESO PASA cuando la política económica la manejan quienes no saben mucho de generar riqueza.

POR CIERTO que esta noche el propio López Obrador acudirá a una cena con capitanes de empresa en Monterrey, en casa de Alfonso Romo. Quienes saben del asunto dicen que los empresarios le plantearán tres temas: 1) que les dé juego en el Plan Nacional de Vacunación para acelerarlo en Nuevo León; 2) que reconsidere cambios en la política energética; y 3) que dé reversa a la iniciativa para desparecer la subcontratación.

ENTRE los asistentes estarán el presidente del Consejo Coordinador Empresarial, Carlos Salazar, así como directivos de Alfa, Cemex, Deacero, Femsa, Gruma, Lamosa, Soriana, Vitro y Xignux. A ver qué sale del encuentro.

EL QUE sigue pataleando es el diputado Gerardo Fernández Noroña, luego de que fue sancionado por el Tribunal Electoral por violencia política de género en contra de la diputada Adriana Dávila. El petista se niega a pedir la disculpa pública a la que está obligado por la resolución judicial y, ¡agárrense!, en sus redes sociales de plano calificó la violencia de género como “un eufemismo”. El asunto es que si no acata la resolución, podría quedar inhabilitado 10 años para ocupar cargos públicos.

QUIENES lo conocen dicen que, aunque sea a regañadientes, pero el Diputado federal pronto doblará las manos, pues si bien le gusta la polémica, más le gusta el hueso.

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