El principio del fin de la pesadilla

Al templo Expiatorio en León fuimos a despedir a un hombre que siempre recordaremos con una sonrisa: Martín Bessonart.

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Por: Enrique Gómez Orozco

Al templo Expiatorio en León fuimos a despedir a un hombre que siempre recordaremos con una sonrisa: Martín Bessonart. La iglesia estaba casi llena. Todos los feligreses con tapabocas. La estructura gótica tiene la altura y la amplitud para impedir que el COVID se propague. Al menos esa fue la sensación.

Soltando un poco la imaginación y los números, adivino que más del 90% de los asistentes estaba vacunado. Ignoro si la inmunidad de rebaño también funciona en grupos donde la gran mayoría tenga las dos inyecciones. No lo sé. 

Quienes comenzaron la construcción del Expiatorio hace un siglo, tuvieron un romance con el pasado medieval, con las historias de las cruzadas y la magnificencia del gótico europeo. Algunos críticos, incluídos sacerdotes, decían que esa construcción estaba fuera de época y de lugar. Tal vez. Sin embargo la epidemia vino a darle sentido a sus enormes naves porque la gente siente mayor confianza durante los oficios religiosos. 

Pero la arquitectura no es el tema sino el cambio súbito de costumbres y el nuevo orden o protocolos de cuidado para enfrentar el principio del fin de la epidemia. Sin quererlo regresamos al saludo de puño, de mano; al abrazo sentido y al beso en la mejilla interrumpido por el cubrebocas. Creemos que la tercera ola no detendrá la vida cotidiana pero el cubrebocas llegó para quedarse. 

Antes de la pandemia, en los países asiáticos, era normal ver a personas con alguna infección respiratoria llevar cubierta la boca. Para los occidentales era una práctica desconocida pero en Japón, por ejemplo, la cortesía y la limpieza extremas ordenan proteger a los demás de nuestras infecciones. Una práctica que será obligada por la nueva enfermedad. 

Mientras transcurría la misa, en los puestos de vacunación de la ciudad, miles de jóvenes esperaban su pase a la inmunización, a una vida más libre y sin miedo. Aunque es la primera dosis de la rusa Sputnik, los científicos aseguran que será resistente a la variante Delta. 

Según las autoridades sanitarias del país, ya la mayoría del territorio está en verde y en poco tiempo el principio del fin de la pesadilla llegará. Justo cuando viene el Festival del Globo, el Buen Fin y las fiestas decembrinas. Recordemos que en 2020 la tercera ola inició con los contagios de estas fechas. Enero y febrero fueron los meses más letales. Ahora el CDC (Centro de Control de Enfermedades de EU) pronostica que en febrero volvamos a la normalidad. 

Pero será difícil encontrar normalidad después de tanto dolor, dificultad económica y una herencia de inflación y disrupciones en el abasto de bienes y servicios. Las secuelas del COVID en las personas contagiadas, serán una nueva carga para los sistemas de salud. Los países orientales, Nueva Zelanda y Australia, desistieron de su estrategia de evitar a toda costa los contagios. Con la vacunación será más fácil lograr algo parecido a la inmunidad comunitaria. Cuando los últimos casos sean más parecidos a la influenza o a la gripe, vendrán las cuentas por pagar de cada país. Aunque en México los fans de Morena aplaudan al Dr. Hugo López-Gatell, los científicos y especialistas en salud pública escribirán y describirán la tragedia nacional más grande desde la Revolución. ¿Qué nos quedará de bueno? Eso vale otra reflexión más profunda. 

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