El rey de las penumbras

El reciente ataque a la democracia estadounidense es una odiosa alarma que nos despierta del profundo sueño, cuando ya nos levantamos tarde.

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Por: Jorge Suárez Vélez

El reciente ataque a la democracia estadounidense es una odiosa alarma que nos despierta del profundo sueño, cuando ya nos levantamos tarde. Trump y AMLO no son causa sino consecuencia de indignas condiciones que ambos agravan, fortaleciéndose por lograrlo. Por años hemos subrayado temibles paralelos: narcisistas autoritarios llenos de resentimientos; hostiles a la ciencia y el conocimiento; demagogos ignorantes, negados para articular una ideología constructiva, pues su visión acaba donde el espejo empieza; astutos embaucadores que usan la mentira sin asomo de contrición para ocultar una realidad inconveniente; incapaces de reconocer errores; dispuestos a arrasar cualquier cimiento institucional que estorbe, aunque el país sin éstos se colapse; sin interés por gobernar o administrar, ven al gobierno sólo como utensilio para consolidar su poder; implacables enemigos de los contrapesos y de quien los cuestione; con gran sensibilidad para identificar frustraciones y resentimientos de su base, y con el impudor para atizarlos, nublando los hechos con conspiraciones míticas, con "otros datos", y construyendo enemigos reales o imaginarios; diestros para hacer de cada grieta un cráter.

La semana pasada vimos qué pasa cuando políticos profesionales deciden que en vez de condenar mentiras, les conviene repetirlas; cuando poderosos empresarios y medios de comunicación le hacen el juego a quien nunca debió alcanzar la cima, con la ilusión de beneficiarse, o por temor a perder privilegios si lo confrontan.

Trump arruinó la credibilidad de la democracia estadounidense, y la legitimidad de su sucesor de paso. Mintiendo sin recato, construyó la artera narrativa de un complot para robarle la elección -sin el más mínimo fundamento- y así movilizó a su base y espoleó a los más radicales en ésta, quienes convencidos de que defendían la democracia invadieron su más icónico símbolo: el Capitolio fundado en 1793 por George Washington como sede legislativa. Hacían lo opuesto, la destrozaban.

AMLO demolió lo mismo en 2006. La democracia exige que el perdedor en las urnas acate reglas y reconozca su derrota. Él nunca lo ha hecho. No hacerlo la anula, fomenta odio, engendra polarización y justifica el abuso del bando opuesto.

Trump es el peor Presidente de la historia. Aunque sea impugnado, su grotesco legado sobrevive. No tuvo éxito porque las instituciones prevalecieron, importantes dirigentes de su partido le dieron -¡finalmente!- la espalda y los medios quitaron el megáfono de sus pequeñas manos. En México no tendremos esa suerte.

Mario Delgado, líder de Morena, entiende perfectamente la gravedad de lo que pasa y el enorme peligro de arrasar con los contrapesos, pero es un cómplice motivado por la mezquina ilusión de que la destrucción del país es un costo razonable para su propio beneficio. Justificará su indecencia con pretextos -"me puede rebasar la base"- cuando él podría moderarla, influirla con verdad y sensatez.

Estamos perdidos si AMLO desbarata los órganos autónomos. La Cofece no ha hecho más que proteger el poder adquisitivo del "pueblo". Decir que el INAI debe desaparecer por caro (costará $900 millones en 2021) es el epítome del cinismo. Gastará el doble promoviendo el beisbol este sexenio. Un día de transferencias a Pemex paga su costo anual. Pero lo entiendo. El lema del Washington Post es: "la democracia muere en la obscuridad". AMLO es experto apagando luces. El gobierno del "enemigo de la corrupción" asigna 8 de cada 10 contratos en forma directa. Como con los Segundos Pisos, cuyos números aún desconocemos, reservó 5 años los de los grandes proyectos de Pemex, el costo de las vacunas, el de los cuarteles de la Guardia Nacional y la investigación sobre el general Cienfuegos.

Quien no tiene nada digno que lucir, prefiere oscurecerlo todo. Presenta una realidad alternativa, o mejor habla del pasado, porque su desempeño presente es vergonzoso. AMLO erigirá la penumbra. No necesita que su base invada San Lázaro porque, con medios alcahuetes y políticos indignos, nuestra pasividad y silencio garantizan que lo logre.

@jorgesuarezv

Ático

Si AMLO tuviera logros que lucir, prendería reflectores sobre éstos. Sin tenerlos, mejor miente, nubla los hechos y nos habla del pasado.

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