El verdadero acuerdo entre AMLO y Biden

El verdadero acuerdo de la reunión del viernes 8 entre funcionarios de alto nivel de México y Estados Unidos, en Ciudad de México, no se dijo abiertamente pero es fácil de deducir:

Avatar del

Por: Carlos Loret de Mola

El verdadero acuerdo de la reunión del viernes 8 entre funcionarios de alto nivel de México y Estados Unidos, en Ciudad de México, no se dijo abiertamente pero es fácil de deducir: el gobierno de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) mantendrá a miles de elementos de la Guardia Nacional fungiendo como patrulla fronteriza para detener el flujo de migrantes hacia el norte, y a cambio de ello el gabinete del estadounidense Joe Biden seguirá volteando hacia otro lado frente a los desplantes autoritarios y excesos del mexicano.

Para sellar este pacto tácito, dos altos mandos del gabinete de Biden —el secretario de Estado, Antony Blinken, y el titular del Departamento de Seguridad Nacional, Alejandro Mayorkas— regalaron a AMLO lo que más le gusta: una oportunidad para fustigar a su archienemigo, el expresidente Felipe Calderón. La conclusión de la reunión bilateral fue el fin de la Iniciativa Mérida, confeccionada en el sexenio calderonista por el desprestigiado exsecretario de Seguridad Pública, Genaro García Luna, preso en Estados Unidos por presuntos vínculos con el narco. AMLO puede usar ahora este tema para seguir culpando al pasado de su falta de resultados.

“Dejamos atrás la Iniciativa Mérida y entramos a partir de hoy al Entendimiento Bicentenario”, resumió el canciller Marcelo Ebrard al terminar el diálogo de alto nivel de seguridad que encabezó, junto con López Obrador, frente a Blinken, Mayorkas y el fiscal Merrick Garland. Durante los 13 años de existencia de la Iniciativa Mérida, México recibió de Estados Unidos más de 3,000 millones de dólares en recursos, equipo y capacitación para las fuerzas armadas, incluyendo 432 millones de dólares en los tres años de la actual administración.

El encuentro bilateral dejó claro que AMLO ha tenido la sagacidad de volverse indispensable para los dos presidentes vecinos con los que ha tenido que lidiar, gracias a que su fuerza policiaco-militar estrella, la Guardia Nacional, ha tenido como misión principal contener la ola migratoria en la frontera de México con Guatemala, para reducir la crisis y el costo político para los presidentes Donald Trump primero, y Biden después.

Con Trump, AMLO desarrolló un afecto personal pues tienen personalidades muy similares en el ejercicio del poder, pero con la llegada de Biden a la Casa Blanca hubo una expectativa en la sociedad mexicana de que el nuevo presidente sería un contrapeso de su par. En realidad, Biden no ha mandado una sola señal en ese sentido, sino en dirección contraria: tratará de resolver cualquier controversia por las buenas. Tiene lógica. Biden tiene problemas mucho más grandes —como las relaciones tensas con China, Rusia o Irán— que los brochazos autoritarios del vecino del sur, y no quiere sumarse un problema más que resolver.

Este reciente diálogo de alto nivel entre 23 funcionarios de ambos países —de las cuales solo dos fueron mujeres— lo confirma, pues ambos gobiernos limaron las asperezas para restablecer la cooperación en seguridad después del episodio amargo de la detención del general Salvador Cienfuegos, exsecretario de la Defensa Nacional. Estados Unidos lo aprehendió en su territorio, sin avisar, y México en venganza congeló las operaciones de agentes de la Administración de Control de Drogas (DEA) en su territorio.

Tras esta reunión, hay aspectos buenos y malos a analizar. Dentro de los primeros está que la cooperación en seguridad bilateral ya se recompuso después del episodio Cienfuegos, pues hay temas alarmantes que necesitan diálogo: el tráfico de armas, la trata de personas, el crecimiento del fentanilo y los cárteles del narcotráfico.

Para ello será importante que el Entendimiento Bicentenario no sea otro acuerdo que se estanque en buenas intenciones. En la declaración conjunta ambas naciones expresaron que están comprometidas a prevenir el crimen, trabajar con los jóvenes para brindarles mejores opciones educativas y sociales, mejorar las cárceles para brindar un trato menos discriminatorio, disminuir el tráfico ilegal de armas y combatir las adicciones. El acuerdo tiene tres pilares: inversión en salud pública contra el consumo de drogas; prevención de la delincuencia transfronteriza, reduciendo el tráfico de armas y la trata de personas; y desmantelamiento de las redes criminales. Anunciaron que presentarán planes de trabajo más formales y a detalle en diciembre.

El tema no son las intenciones, sino la aplicación de estas herramientas y mecanismos en la operación del día a día. El canciller Ebrard dijo, orgulloso, que este Entendimiento Bicentenario será “uno que nos vea como socios iguales”. En realidad, no lo somos. Estados Unidos es una potencia mundial y habrá que estar pendientes de no perdernos en sueños soberanistas.

También habrá que entender las consecuencias de este acuerdo, pues mientras en la capital mexicana se firmaba el inicio de esta nueva cooperación, en la frontera entre ambos países eran detenidos 652 migrantes que viajaban en condiciones dramáticas de hacinamiento en las cámaras refrigeradas de tráileres. Una realidad que choca con la que señalan los acuerdos y las relaciones diplomáticas.

Opinión

Opinión en tu buzón

Deja tu correo y recibe gratis las columnas editoriales de AM, de lunes a domingo

8am
En esta nota:

Y tú, ¿qué opinas?